Tamar
Poeta adicto al portal
Me acostumbré. ¿Fue posible?
A saltar junto a ti de dos en dos los escalones,
A gritar de repente una canción, a reirme,
a tener fé en que hay siete soles.
En este sereno piso, como tú,
vuelvo a sentir tu (a veces cuerdo) silencio.
No sé que esperar, se nos volvió un tabú;
fué la nieve, siempre estuvo en nuestros besos.
Más no puedo, coño, no quiero
una isla con un par de versos rotos,
el frío rastro de una lágrima al llorar,
ni una balada perfecta en nosotros.
No quiero el repentino y feliz olvido.
Ahora no me quedan tus flores de cerezo;
esperaré algo que me quite el frío.
No saltaré más los escalones, lo prometo.
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