yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Noviembre en calendarios desolados
me pone la piel de las mejillas con dardos encarnados,
solo tu soledad protege los abismos atorados,
en el baile de tus pasos tocando a retirada;
es que te has ido y no hay mayor explicación
a estos versos trémulos
confusos,
fastidiados.
Hay una huella vaciá en la alfombra
que coincide con la talla de tu zapato izquierdo
y vació el reproductor
se aburre con Bach en los recuerdos,
es que te has ido
las lunas de todos los espejos
me lo gritan hasta acallar mi voz
que incierta y trastabillante repite tu nombre
lejano,
desgastado,
enfurecido.
A veces me asomo a ver las margaritas
y sus lagrimas petrificadas,
a veces el sosiego nauseabundo
me toca el vals de tu silencio y las ventanas dilatan sus pupilas
para encontrar el brillo de tu pelo
germinado de distancia;
tengo solo la voz de algún poema
que dejaste en mis cuadernos
y la maravilla de tu vientre extinguiéndose de a poco
en el océano de mis sabanas
colgadas en las telarañas de mis dedos.
Vacíos,
desconsolados
huérfanos
de tus dedos expatriados,
casi muertos.
Es solo que te has ido,
me lo grita la cuchara que ya no usas,
tu cepillo de dientes y mis labios,
donde alguna vez juraste estar
hasta que el tiempo fuera solo
una alusión ya sin sentido;
son las duermevelas salpicadas de tequila
y las danzas de las sombras al abrir los libros
que dejaste.
Noviembre
se ha poblado de tus pañuelos
pintando golondrinas en todos los pasillos;
es lo inútil de estas letras que no te alcanzan,
es solo el plato vació del desayuno,
las figuras amorfas que formabas con elpan,
las arañas aburridas buscando tu perfume
y unas ligeras ganas de llorar.
me pone la piel de las mejillas con dardos encarnados,
solo tu soledad protege los abismos atorados,
en el baile de tus pasos tocando a retirada;
es que te has ido y no hay mayor explicación
a estos versos trémulos
confusos,
fastidiados.
Hay una huella vaciá en la alfombra
que coincide con la talla de tu zapato izquierdo
y vació el reproductor
se aburre con Bach en los recuerdos,
es que te has ido
las lunas de todos los espejos
me lo gritan hasta acallar mi voz
que incierta y trastabillante repite tu nombre
lejano,
desgastado,
enfurecido.
A veces me asomo a ver las margaritas
y sus lagrimas petrificadas,
a veces el sosiego nauseabundo
me toca el vals de tu silencio y las ventanas dilatan sus pupilas
para encontrar el brillo de tu pelo
germinado de distancia;
tengo solo la voz de algún poema
que dejaste en mis cuadernos
y la maravilla de tu vientre extinguiéndose de a poco
en el océano de mis sabanas
colgadas en las telarañas de mis dedos.
Vacíos,
desconsolados
huérfanos
de tus dedos expatriados,
casi muertos.
Es solo que te has ido,
me lo grita la cuchara que ya no usas,
tu cepillo de dientes y mis labios,
donde alguna vez juraste estar
hasta que el tiempo fuera solo
una alusión ya sin sentido;
son las duermevelas salpicadas de tequila
y las danzas de las sombras al abrir los libros
que dejaste.
Noviembre
se ha poblado de tus pañuelos
pintando golondrinas en todos los pasillos;
es lo inútil de estas letras que no te alcanzan,
es solo el plato vació del desayuno,
las figuras amorfas que formabas con elpan,
las arañas aburridas buscando tu perfume
y unas ligeras ganas de llorar.
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