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Frontera

lucov

Poeta recién llegado
El niño corrió gritando antes de llegar a la casa.

-Mamá vienen unos soldados.

La mujer limpió sus manos en el vestido y salió al llamado de su hijo. El sol recién iniciaba su camino entre las montañas y matorrales ascendiendo lentamente en una sinfonía de cantos de pájaros y el sonido de las hojas provocado por la brisa matinal.

La patrulla al mando de un oficial subía la suave loma, el niño permaneció junto a su madre mirando con curiosidad y temor a los uniformados.

-Buenos días señora.

La mujer movió la cabeza a modo de saludo.

-Cuantas personas viven en este lugar

-Somos mi padre, mi esposo y los niños

- y donde están los otros

-Trabajando la tierra allá en el bajo

Con la mano indicó la dirección. El rostro del oficial adquirió enfado.

-Por qué están allá, eso no puede ser

- Es que tenemos los sembradíos

-Necesito hablar con todos Uds. Mándelos a buscar

Los hombres llegaron mirando extrañados a los visitantes que mantenían en sus manos armas y estaban atentos a cada movimiento.

-Tienen documentos de identidad?

-No, nunca hemos tenido

-Estas tierras no saben a quién pertenecen?

- A nosotros eran de mi padre

-No Sr. Son del gobierno o Uds. Tienen papeles que acrediten lo contrario.

-Eran de mis abuelos y levantó esta casa, siempre hemos vivido en este lugar

-Uds. No tienen nada.

Se miraron sin comprender lo que el oficial quería decir.

-La situación es esta, ven aquella montaña.

Dio media vuelta.

-Y esa otra, pues bien según el último tratado de límites y fronteras la línea entre los dos países pasa por aquí. Entienden Uds. No pueden ir a trabajar donde lo hacen porque no es su patria. Tienen que hacerlo hacia este lado. Nosotros venimos a poner una indicación en el terreno para marcar el límite.

Los hombres quedaron en silencio interrumpido por el viento que sin dirección envolvía todo el espacio arrastrando nubes blancas diseminadas en la bóveda celeste. La mujer se atrevió a hablar.

-Es que allá tenemos lo que hemos sembrado y hay agua, aquí la tierra no produce es roca y mucha pendiente.

-No voy a repetir, esta es la frontera, les podemos dar otras tierras y van a tener que regularizar su documentación.

Dio una orden y los soldados volvieron por donde habían llegado.

El padre de la mujer se sentó en una piedra mirando las dos montañas, buscando una línea marcada por el horizonte en todo el alcance de sus ojos.

-No entiendo eso de la frontera. Por qué no podemos ir a las siembras, que es eso de papeles para saber que la tierra es nuestra, cuando siempre la hemos trabajado.

-Tengo miedo padre, habló de sacarnos a otro lugar y perderíamos la cosecha, tendríamos que cambiarnos con todas nuestras cosas y animales.

El marido de la mujer dio un grito.

-Eso es, cambiarnos.

-Pero, adonde?

-Allá donde tenemos las siembras.

-Y si los soldados van a buscarnos?

-Para ellos es otro país y no pueden pasar el límite que inventaron
 
El niño corrió gritando antes de llegar a la casa.

-Mamá vienen unos soldados.

La mujer limpió sus manos en el vestido y salió al llamado de su hijo. El sol recién iniciaba su camino entre las montañas y matorrales ascendiendo lentamente en una sinfonía de cantos de pájaros y el sonido de las hojas provocado por la brisa matinal.

La patrulla al mando de un oficial subía la suave loma, el niño permaneció junto a su madre mirando con curiosidad y temor a los uniformados.

-Buenos días señora.

La mujer movió la cabeza a modo de saludo.

-Cuantas personas viven en este lugar

-Somos mi padre, mi esposo y los niños

- y donde están los otros

-Trabajando la tierra allá en el bajo

Con la mano indicó la dirección. El rostro del oficial adquirió enfado.

-Por qué están allá, eso no puede ser

- Es que tenemos los sembradíos

-Necesito hablar con todos Uds. Mándelos a buscar

Los hombres llegaron mirando extrañados a los visitantes que mantenían en sus manos armas y estaban atentos a cada movimiento.

-Tienen documentos de identidad?

-No, nunca hemos tenido

-Estas tierras no saben a quién pertenecen?

- A nosotros eran de mi padre

-No Sr. Son del gobierno o Uds. Tienen papeles que acrediten lo contrario.

-Eran de mis abuelos y levantó esta casa, siempre hemos vivido en este lugar

-Uds. No tienen nada.

Se miraron sin comprender lo que el oficial quería decir.

-La situación es esta, ven aquella montaña.

Dio media vuelta.

-Y esa otra, pues bien según el último tratado de límites y fronteras la línea entre los dos países pasa por aquí. Entienden Uds. No pueden ir a trabajar donde lo hacen porque no es su patria. Tienen que hacerlo hacia este lado. Nosotros venimos a poner una indicación en el terreno para marcar el límite.

Los hombres quedaron en silencio interrumpido por el viento que sin dirección envolvía todo el espacio arrastrando nubes blancas diseminadas en la bóveda celeste. La mujer se atrevió a hablar.

-Es que allá tenemos lo que hemos sembrado y hay agua, aquí la tierra no produce es roca y mucha pendiente.

-No voy a repetir, esta es la frontera, les podemos dar otras tierras y van a tener que regularizar su documentación.

Dio una orden y los soldados volvieron por donde habían llegado.

El padre de la mujer se sentó en una piedra mirando las dos montañas, buscando una línea marcada por el horizonte en todo el alcance de sus ojos.

-No entiendo eso de la frontera. Por qué no podemos ir a las siembras, que es eso de papeles para saber que la tierra es nuestra, cuando siempre la hemos trabajado.

-Tengo miedo padre, habló de sacarnos a otro lugar y perderíamos la cosecha, tendríamos que cambiarnos con todas nuestras cosas y animales.

El marido de la mujer dio un grito.

-Eso es, cambiarnos.

-Pero, adonde?

-Allá donde tenemos las siembras.

-Y si los soldados van a buscarnos?

-Para ellos es otro país y no pueden pasar el límite que inventaron

Buen relato. El final puede ser esperanzador si les dejan cruzar la frontera. Te mando un poema sobre este tema:

EL MÁS TRISTE IDEAL SOCIAL

concertina-p.jpg


Es muy triste el ideal
del simple nacionalismo,
el que separa personas
unificando egoísmos
para construir fronteras
con el alambre de espino,
el que para mantenerse
busca siempre un enemigo.
Es muy triste el “ideal”
hecho de alambre de espino.

Saludos desde Madrid.
 

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