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Poeta que no puede vivir sin el portal
Fue en la plaza Juárez de Guanajuato
una tarde de cartas y parranda bohemia
intoxicado por la borrachera y ciguato
aparece un ángel salido de la academia.
Mis compañeros se han marchado,
dejando sola la mesa con mis apuntes,
mis poemas y un café medio apurado
que no sabe de horario y transeúntes.
Junto al León ébano que custodia la entrada,
en el contorno del teatro, en su escalinata...
Una falda volante y una tierna carcajada
atraen mis ojos hacia una figura harto grata.
No puedo moverme, mis ojos como platos,
mi pensamiento ausente, estancado...
Camina libre de ataduras, sin zapatos.
Su pie de inmaculada blancura, delicado.
Llega a mi mesa. Toma mis notas
al tiempo que frete a mi se sienta.
Desdobla y junta las hojas rotas.
No te engañes ni te mientas...
Escribe lo ves y lo que sientes.
No cejes, nunca te detengas
Miraba sus ojos y hermosos dientes;
No escuchaba sus arengas.
Se escucha una campana y se levanta...
Me siento morir, no quiero que parta...
Me llaman a casa, ¿Me acompañas?
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