elissp
Poeta recién llegado
Fue tan solo ayer cuando decía
“No importa lo que vendrá, este es mi camino”,
inútil fue mi pensamiento encaprichado,
guardando estampas como reliquias,
guardando sueños con amaras en un muelle,
– Es que eso es lo que soy – me decía inútilmente.
Fue tan solo ayer cuando bebía tranquila,
cuando el silencio era compañera amigable,
cuando escuchaba a los antepasados decirme cosas,
y las paredes se quedaban calladas.
Fui salpicada de la vida de manera descontrolada,
bocanadas de aire entraron sin compasión
a los pulmones inexpertos en esta tarea,
esta premisa que está a la espera de que despierte.
Ahora la luz se ve diferente desde la cima,
el amanecer ha cambiado de hora sin darme cuenta,
¡Se ha ido, ya no está presente!
Cuando mis ojos ven la luz, solo ven una luz cansada,
así permanezco hasta que el mundo me arroja fuera.
Los hilos se tejen de manera diferente,
entremezclando pétalos de rosa
con caramelos insípidos que se recogen de la mesa,
pero están ahí, a la vista dela gente,
son una manera rústica de mostrar mi alma.
Cuando me creía más fuerte,
cuando pensaba que las cartas se ordenaban,
entraste tan fugaz que no me di cuenta de aquello,
como un eclipse solar deslumbraste mi esencia,
al pasar la oscuridad te quedaste sin permiso alguno
esperando el momento exacto para enejarme,
con tu presencia, con ese veneno al que me volví adicta,
tan adicta a ti, como a la vida misma.
Inútil es resistirme a tus encantos colectivos,
me desbaratan, me deshacen con místicas palabras,
esas palabras que describen tu propia existencia,
cómo no sucumbir al latido de mi corazón,
tan alterado, cuando tus brillantes ojos pierden la pelea,
entonces las palabras ya no importan.
El hilo se hace más notorio que parece cortar el silencio,
evoca los más íntimos recuerdos que fueron nuestros;
Quisiera estrujarte contra mi ser,
convertir el pecado en el más puro acto de amor,
y permanecer así, sucumbiendo ante el delirio,
respirando la agonía de la distancia.
Fue tan solo ayer cuando murió el recuerdo,
resucitado por fuerzas misteriosas del destino,
con la más intensa prueba de amor,
a la cual sucumbo por voluntad propia,
esperando el momento de convertir el cuento
en la más pura realidad.
“No importa lo que vendrá, este es mi camino”,
inútil fue mi pensamiento encaprichado,
guardando estampas como reliquias,
guardando sueños con amaras en un muelle,
– Es que eso es lo que soy – me decía inútilmente.
Fue tan solo ayer cuando bebía tranquila,
cuando el silencio era compañera amigable,
cuando escuchaba a los antepasados decirme cosas,
y las paredes se quedaban calladas.
Fui salpicada de la vida de manera descontrolada,
bocanadas de aire entraron sin compasión
a los pulmones inexpertos en esta tarea,
esta premisa que está a la espera de que despierte.
Ahora la luz se ve diferente desde la cima,
el amanecer ha cambiado de hora sin darme cuenta,
¡Se ha ido, ya no está presente!
Cuando mis ojos ven la luz, solo ven una luz cansada,
así permanezco hasta que el mundo me arroja fuera.
Los hilos se tejen de manera diferente,
entremezclando pétalos de rosa
con caramelos insípidos que se recogen de la mesa,
pero están ahí, a la vista dela gente,
son una manera rústica de mostrar mi alma.
Cuando me creía más fuerte,
cuando pensaba que las cartas se ordenaban,
entraste tan fugaz que no me di cuenta de aquello,
como un eclipse solar deslumbraste mi esencia,
al pasar la oscuridad te quedaste sin permiso alguno
esperando el momento exacto para enejarme,
con tu presencia, con ese veneno al que me volví adicta,
tan adicta a ti, como a la vida misma.
Inútil es resistirme a tus encantos colectivos,
me desbaratan, me deshacen con místicas palabras,
esas palabras que describen tu propia existencia,
cómo no sucumbir al latido de mi corazón,
tan alterado, cuando tus brillantes ojos pierden la pelea,
entonces las palabras ya no importan.
El hilo se hace más notorio que parece cortar el silencio,
evoca los más íntimos recuerdos que fueron nuestros;
Quisiera estrujarte contra mi ser,
convertir el pecado en el más puro acto de amor,
y permanecer así, sucumbiendo ante el delirio,
respirando la agonía de la distancia.
Fue tan solo ayer cuando murió el recuerdo,
resucitado por fuerzas misteriosas del destino,
con la más intensa prueba de amor,
a la cual sucumbo por voluntad propia,
esperando el momento de convertir el cuento
en la más pura realidad.
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