Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Las noches pasan lentas,
no se acaba el pensar,
no se acaban las respuestas,
que tuve que dar,
las palabras como pájaros migrando,
solo pasan,
cada una más certera que la otra,
pero lejos e inservibles,
cuando tu ya no estas.
Como me duele pensarte,
como me veo parado frente a ti,
vestido de hierro,
con la espada en la mano.
Quería verte sangrar.
Quería devolver tu desdén,
y convertirlo en un derrumbe de rocas.
Quería mellar tu filo,
compadecer tus ojos,
tocarte un poco el corazón,
vestido de marioneta orgullosa,
pintado de colores que no son los míos,
solo devolverte una noche de las mías.
Nada hace la tiza en la roca mojada,
nada hace un payaso en una carpa sin público,
nada le hace el fuego al fuego,
solo encenderlo más,
y darle motivos para quemar,
y tu me quemas ahora.
Tú que devoraste todos mis recuerdos,
dejándome en blanco,
me enseñas ahora lo que es el amor,
el amor es negarse a uno mismo lo que siente,
el amor es enfrentarse al otro,
y arriesgarse a perder o ganar.
EL amor es estar sentado en un bar,
sin que nada mas exista,
es inventarse un planeta donde tú eres el sol,
y yo el único ser que protesta por tu ausencia,
aquí no hay Dios…
ya no,
él me abandono y me dejo creando este mundo,
donde no estas tú.
En medio de un bosque de promesas,
he de abrir la senda que me saque de aquí,
que me aleje de ti,
sentado frente a una silla vacía,
con un trago en la mano,
pensando en ti,
con la roja luz de una vela,
que emula mi propio orgullo,
encerrada en una copa la llama,
fútil l y condenada a morir,
fuego y sangre,
fuego y fuego,
tu orgullo y el mío,
anillo nupcial que nos separa mi amor.
Yo estoy aquí,
Tú estás allá,
al otro lado del mundo que creamos para los dos.
Última edición: