Fuego Fatuo

AndrésCa

Poeta recién llegado
Como un Nenúfar blanco creces en medio del pantano.

¡Vienes al ser tan radiante,

tan delicada, en medio de agua estancada y poco profunda!

Eres ajena a tu mundo.

Inspiras alegría, calidez y envidia a toda la vegetación acuática;

¡Tan cercana y tan lejana a la vez de cualquier Helecho del pantano!

Qué amarga tristeza invade a los seres

cuando no pueden ver como floreces en medio de la noche oscura,

hermosa y radiante en medio de las tinieblas.

Quisiera ser aquel espíritu que se mueve en las aguas tristes y quietas,

que bajo la luz de la luna pueda contemplarte,

amarte y cuidar tu hermosura… ¡Te haría para siempre mía!

Pero tu belleza es efímera y yo solo soy fuego fatuo,

¡Horrible encrucijada nos deparo el destino,

como dos naturalezas de la superficie que no hallan contacto!

Y yo miro el reflejo mío y de la luna en las aguas quietas,

y no me hallo real,

pero cuando te veo ahí, por encima del espejismo,

tan verdadera e innegable tu naturaleza efectiva,

se consume todo lo que anima mi brillo fatuo.

Pronto, al tercer anochecer te marchitaras,

y dejaras vació y triste aquel estanque,

mi único consuelo es que no veré marchitarte.
 
Última edición:
Como un Nenúfar blanco creces en medio del pantano,

¡Vienes al ser tan radiante,

Tan delicada, en medio agua estancada y poco profunda!

Eres ajena a tu mundo,

Inspiras alegría, calidez y envidia a toda la vegetación acuática,

¡Tan cercana y tan lejana a la vez de cualquier Helecho del pantano!

¡Qué amarga tristeza invade a los seres

Cuando no pueden ver como floreces en medio de la noche oscura,

Hermosa y radiante en medio de las tinieblas!

Quisiera ser aquel espíritu que se mueven en las aguas tristes y quietas,

Que bajo la luz de la luna pueda contemplarte,

Amar y cuidar tu belleza… ¡Te haría para siempre mía!

Pero tu belleza es efímera y yo solo soy fuego fatuo,

¡Horrible encrucijada nos deparo el destino,

Como dos naturalezas de la superficie que no hallan contacto!

Y yo miro el reflejo mío y de la luna en las aguas quietas,

Y no me hallo real,

Pero cuando te veo ahí, por encima del espejismo,

Tan verdadera e innegable la naturaleza efectiva de tu belleza,

Se consume todo lo que anima mi brillo fatuo.

Y pronto, al tercer anochecer te marchitaras,

Y dejaras vacio y triste aquel estanque,

Y mi único consuelo es que no veré marchitarte.
Me ha gustado, original en su idea y enmarcado en una sensible y bella escritura . Un abrazo amigo Andrés. Paco.
 

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