Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fuego que conoce de esa agua
alimento en las tardes del estío,
asciende hasta volverse nube,
se expande a voluntad propia
al otro lado del abrazo firme
que lo fija a un punto sólo;
recompone cenizas,
olvidos y recuerdos,
sabe de sus orígenes,
la humilde chispa acorralada
entre verdes secos y sonrisas
reventadas como flores a la luz
envuelta en aire.
Todo fuego es germen de un dolor
que ve arrancadas las raíces,
toma el infinito como inmensa casa.
El papel de una carta es llama consumida en los ojos,
otra manera de arder en chimeneas,
en un hogar sin muebles,
sin puertas,
sin esperas.