eenciso
Poeta fiel al portal
La noche nos aparcó en su escondite,
las paredes altas, dominantes, guardianes del tiempo,
refractan el azul gris desde el mosaico en la pantalla
del televisor donde el mundo proyecta su fachada;
Tu dorso recostado sobre nuestra estela juntos,
tu cansancio lánguido y tenue como el olvido sobre una vela,
nuestras ganas al fin secuaces, cómplices…
espías en la obturada penumbra,
recorro mis manos sobre tu frágil dorso
sin ser capaz ya de ver el centelleo de tus ojos,
tus cabellos lisos y finos como pulidas hojas de oro y bronce.
Me derrumbo entre el juego de los tactos,
la sinuosa elevación entre tus regiones cubiertas,
y, el sonido de tu voz perdida en el deseo silencioso de mujer.
Los muros crepitan y las ondas de la cerrazón
escalan como intentando llegar hasta la alta bóveda,
veo al fin el brillo de tus ojos despiertos,
me miras como al interior de un pozo con la luna secuestrada,
te imagino entre los sabores míticos más sublimes de los milenios,
la noche se incendia a galope entre fuegos, fuegos lentos...
La suave piel entre mis bellos me transmite tu despabilado sueño;
En algún lugar cercano a nuestros corazones corremos juntos,
por lo alto, la cuarta dimensión vista por el ojo de un reloj
quiebra el cristal del nuestro mamífero reposo,
otra vez, huimos como juzgados culpables del amor.
las paredes altas, dominantes, guardianes del tiempo,
refractan el azul gris desde el mosaico en la pantalla
del televisor donde el mundo proyecta su fachada;
Tu dorso recostado sobre nuestra estela juntos,
tu cansancio lánguido y tenue como el olvido sobre una vela,
nuestras ganas al fin secuaces, cómplices…
espías en la obturada penumbra,
recorro mis manos sobre tu frágil dorso
sin ser capaz ya de ver el centelleo de tus ojos,
tus cabellos lisos y finos como pulidas hojas de oro y bronce.
Me derrumbo entre el juego de los tactos,
la sinuosa elevación entre tus regiones cubiertas,
y, el sonido de tu voz perdida en el deseo silencioso de mujer.
Los muros crepitan y las ondas de la cerrazón
escalan como intentando llegar hasta la alta bóveda,
veo al fin el brillo de tus ojos despiertos,
me miras como al interior de un pozo con la luna secuestrada,
te imagino entre los sabores míticos más sublimes de los milenios,
la noche se incendia a galope entre fuegos, fuegos lentos...
La suave piel entre mis bellos me transmite tu despabilado sueño;
En algún lugar cercano a nuestros corazones corremos juntos,
por lo alto, la cuarta dimensión vista por el ojo de un reloj
quiebra el cristal del nuestro mamífero reposo,
otra vez, huimos como juzgados culpables del amor.