Y si proviene del templo, o de una partida de ajedrez…
si era un ¡bravo, bravísimo!,
o un: bravo, que te ha pillado el carrito del helado…
y si era aquello egoísta, químico y caótico, malo y solo,
aquello que abruptamente acaba por los rastrojos…
si son los versos nuevos,
con las mariposas en armonía y las voces cantarinas en la mañana…
y las multicolores ilusiones
que se elevan por esas altas fuentes de los sueños.