Alberto de la Morabia
Poeta recién llegado
Un Potosí de plata centelleante,
A mis ojos no fuera más deseable,
Que unas cajas de peces relucientes,
Y cuchillos de acero inoxidable.
Galatea, en traje de faena,
En su templo me aguarda, lo presumo,
Para que elija lo que yo prefiera,
De los tesoros del reino de Neptuno.
Estando mi pecunio muy mermado,
Al desafío mi arrojo no se anima,
Cuando contemplo atónito, asombrado,
El precio que ahora tienen las sardinas.
Con el salmón noruego, no me atrevo,
Del rape nada sé, ni de la raya,
Del codiciado mero, desespero,
Las gambas “ni por pienso, ni mentallas”
Del congelado vil estoy ahíto,
Mas del fresco la oferta es abundante…,
Pues si hay que decidir compro un bonito
Que de bonito, resulta redundante.
-¿Cómo lo quiere?, pregunta diligente,
La nereida que colma mi esperanza,
- Indúltalo, respondo yo clemente,
Y en un amén, lo pone en la balanza.
Cirujana, que ignoras nuestro idilio,
De los dioses del mar adoradora,
-¿Alguna cosa más? Un magnicidio,
-Filetes de emperador, emperadora.
A mis ojos no fuera más deseable,
Que unas cajas de peces relucientes,
Y cuchillos de acero inoxidable.
Galatea, en traje de faena,
En su templo me aguarda, lo presumo,
Para que elija lo que yo prefiera,
De los tesoros del reino de Neptuno.
Estando mi pecunio muy mermado,
Al desafío mi arrojo no se anima,
Cuando contemplo atónito, asombrado,
El precio que ahora tienen las sardinas.
Con el salmón noruego, no me atrevo,
Del rape nada sé, ni de la raya,
Del codiciado mero, desespero,
Las gambas “ni por pienso, ni mentallas”
Del congelado vil estoy ahíto,
Mas del fresco la oferta es abundante…,
Pues si hay que decidir compro un bonito
Que de bonito, resulta redundante.
-¿Cómo lo quiere?, pregunta diligente,
La nereida que colma mi esperanza,
- Indúltalo, respondo yo clemente,
Y en un amén, lo pone en la balanza.
Cirujana, que ignoras nuestro idilio,
De los dioses del mar adoradora,
-¿Alguna cosa más? Un magnicidio,
-Filetes de emperador, emperadora.