Alex Courant
Poeta adicto al portal
Por el estrecho callejón de tu mirada
perdidos, de pronto, se encontraron.
Con bigotes impregnados por el deseo
fueron persiguiendo, con usura,
al frágil estambre de tu sombra,
al cáñamo albo de tu risa,
al bramante con aroma de tu espíritu
hasta la madeja donde se enredaba,
como un diminuto limbo, tu ombligo.
Durmieron bajo la noche de tu sexo
y sobre las piernas de tu alma, ronronearon.
Desde entonces ya no beben, obcecados,
de la trementina del sueño,
no persiguen al ratón del viejo olvido,
no amedrentan al gorrión, a la paloma,
en el candor de los tejados y sus nichos.
Ya no van detrás de hembra alguna por esbelta,
menuda, atigrada o perlada que sea,
no cantan puntuales, en la barda,
a un motín de fantasmas ebrios,
ni se internan en la mancebía de la muerte
por una vida menos de vida.
Cada mañana, amanecen gatos en mis ojos:
Castrados por la certera guadaña
de la luna entre tus muslos.
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