BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
La faz de la tierra se enardece
crecen angustias sobre los paneles
mienten las aves disfrazadas de espliego
y en las tardes venideras no crujirán
sus piernas tardías y soñolientas.
Yo no puedo creerme, he ahí mi dilema.
Cesado desde antes de la muerte,
desconvocado por iniciales moribundas,
no se apiadarán de mí ni esquelas ni buitres
soñadores.
Ni los logaritmos ni el perfecto valle
de su cuerpo, fundarán tierras nuevas,
en los ojos de las gaviotas, trastornadas
por su silencio ecuánime y la belleza
de sus sinuosidades.
Me echarán a empujones del cómodo
templo, y viajaré casi gratis por el mundo
parcelado de las gaviotas.
Aves nocturnas, como un saco de almendras,
rociarán de esparto las nubes de polvo cerca
de las alamedas, y un montón de gatos cenicientos,
formarán su apacible visita.
Los ojos que me vean serán tristes y hermosos.
©
crecen angustias sobre los paneles
mienten las aves disfrazadas de espliego
y en las tardes venideras no crujirán
sus piernas tardías y soñolientas.
Yo no puedo creerme, he ahí mi dilema.
Cesado desde antes de la muerte,
desconvocado por iniciales moribundas,
no se apiadarán de mí ni esquelas ni buitres
soñadores.
Ni los logaritmos ni el perfecto valle
de su cuerpo, fundarán tierras nuevas,
en los ojos de las gaviotas, trastornadas
por su silencio ecuánime y la belleza
de sus sinuosidades.
Me echarán a empujones del cómodo
templo, y viajaré casi gratis por el mundo
parcelado de las gaviotas.
Aves nocturnas, como un saco de almendras,
rociarán de esparto las nubes de polvo cerca
de las alamedas, y un montón de gatos cenicientos,
formarán su apacible visita.
Los ojos que me vean serán tristes y hermosos.
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