ivoralgor
Poeta fiel al portal
Me despojé de toda inquietud, dijo Astrid cuando se acurrucaba a mi costado. Suspiré largamente, pensado en sus ojos miel. Era difícil amarla: se resistía a explorar ese sentimiento <<banal>>, como ella lo llamaba. Así nadie me lastimará, decía a menudo. Su respiración empezó a ser pausada. Le escruté, con los ojos, el cuerpo entero. Su desnudez sólo la cubría su ropa interior, diminuta, de color blanco. Me detuve un rato en su espalda, donde, lánguidas, unas gaviotas surcaban su piel. Te amo, le dije en un susurro. Al cabo de dos años, se marchó. Me dejó, como despedida, una foto de aquellas gaviotas. Entendí, muy a mi pesar, que Astrid siempre viviría libre, sin compromisos <<banales>>; las gaviotas me lo recuerdan constantemente.