José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para quién escribo, para mí,
hombre narcisista, necesitado
del efímero aplauso o al decadente
canto de los cantautores estigmatizados.
Hombre de arcoíris apagado,
queriendo subir al olimpo
de los fracasados.
Escribo a las palomas, las mariposas,
a las desahuciadas liebres,
al campesino mutilado,
herida su alma de torturas, sin viandas,
se las lleva el intermediario verdugo,
el esperpéntico cuervo devorando sus huesos,
chupándole hasta el aire que respira.
Le escribo al que no le gusta la poesía
hecha con el alma, henchida o marchita;
canto a la aurora, al ocaso, a la melancolía,
al amor sobre la hierba en el espejo del lago
o en el diente de la cordillera.
Canto a la belleza de los sentimientos,
al que peina la bondad, maquilla la risa,
pinta de azul la tolerancia, canto a la empatía
sobre la que los hombres vuelan,
son arquitectos de lo exquisito de la vida.
Escribo para las personas faltas de amor,
encontrando en mis letras calor, fascinación;
revolviéndose contra la soledad, volando
en sueños de algodón sobre cartulinas negras.
Escribo a la primavera florida, con sus fiestas,
sus benditos días, la luz me quema las pupilas
de ver tanta belleza en el espejo del cielo;
a ti que tus hormonas brincan,
como el agua del arroyo.
Escribo porque es mi vida la que escribo,
mis pensamientos cautivos, los que guardaba
en el cofre, la vida del paraíso, la maldad del cuervo,
el bienestar y la dicha de mi ocaso, compartida contigo.