José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hablar de la libertad
puede ser hablar de un cometa
fluyendo sobre la inmensidad del universo
con su cola de caballo iluminada.
Puede ser una estrella temblando observando los fríos puñales
de un glaciar enigmático, límite entre las profundidades y la luz,
que tibiamente despavorida,
la caliente de la injuria, del pecado de la celda
del cautiverio.
Sentirse libre es penetrar
en el abismo del mar, o en la oscuridad de la noche
hablarle a las estrellas sin reloj, sin tiempo;
delirio y añoranza de la utopía
silueta volando en mi pecho.
Hacer un retrato de la historia
entre delirios y añoranzas
entre decapitaciones y humillaciones,
debo probar a su flor antes que usted.
Es también hablar de esa mujer despechada
que se desnuda en la calle como árbol en otoño
protestando por el calentamiento del planeta
o por la homofobia al gay.
Es convencerte de lo que siento,
de los latidos de mi corazón
cuando el cielo de tu cuerpo tiembla.
Ser tus venas
cuando sobreviven a las sombras
enigmáticas de tus deseos más carnales,
más impíos.
Es luchar contra la tiranía de tu cuerpo
cuando me amas matándome
esperando que caigan lentamente
mis copos de nieve.
Ser feliz sin enloquecer tus neuronas,
beberse unas copas de vino contigo,
ser raíz de tu árbol, cobijarme en él,
ser tu sueño y tu suspiro.
Hablar de libertad es ser su sombra,
caminar con los pies sucios
ser un relámpago que penetre en tu cuerpo
sin apagarse ni siquiera ante el diluvio universal.
Ser estrella fugaz, caminando por tu cuerpo
sin límites ni condicionantes, solamente
quejidos y te quieros.