José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desde mi ventana diviso el horizonte
de terciopelo azul
es la senda del gigante que tengo delante
llamado mar, podría llamarse
incertidumbre, enigmas, gran fosa sin fondo..
Sus balanceos dormidos, lagrimeando
en su golpeteo contra las rocas
van redondeando mis ojos marrones verdosos
de estupor ante su inmensa belleza.
A veces, cuando me levanto, el azul
se ha transformado en gris o se ha tapado
con la sábana blanca impidiendo así
que vea la línea del fondo
donde nace el arcoíris al morir el día.
Esta soledad tan obtusa me ahoga,
me abstrae por completo
y, entre sus garras, me disuelvo lentamente
en el umbral de la desgracia,
vértice sospechoso de la oscuridad sumisa.
Se percibe el silencio y quedo absorto
visualizando ese estentóreo plano
donde se inicia el filo del crepúsculo.
La ciudad se desvanece detrás
de una cortina de niebla
alta, al modo de un gigante de cuento
observo la inmensidad de la bahía
parece sacada de Alicia en el país de las maravillas.
En ese silencio, el mundo me roba el miedo,
el desamor se convierte en pétalos abiertos;
entonces me sumerjo en tu jardín
te pienso, te analizo, te hago sol, luna,
mi fuente de deseo.
Entre el brillo de las luces
durmiendo sobre el agua de tu vientre
en mi bahía de ensueño.
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