Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
Truenos
en la estridente noche.
Relámpagos
en la santa oscuridad.
El cielo se retuerce,
se expande el Universo.
El dedo de Dios,
sobre la frente de su creación.
El reflejo de su soplo divino,
emana vida
en el rostro del hombre.
De malicia
hereda la palabra.
Contracciones hacen del silencio,
sus pensamientos.
Mas allá
la perfección
de su carne,
el aliento fétido de su alma,
se presiente.
En la mutación silente
de sus primeros pasos,
la nada se estremece.
La naturaleza tiembla...
La viva imagen
del Dios perfecto,
la sangre hermana
en las manos
la imperfección, hecha modelo.
Escalofríos en la piel de la noche,
su presencia anida la trama.
La frente de Dios omnipotente
en un rictus inesperado,
acumulando dolor
sus preocupaciones.
Y más allá
de la perfección de su carne,
la noche en cada esquina
murmura lo cognoscible;
pero Dios
no se atreve a preguntar
en espera de lo que ya sabe
y llora por su creación... en silencio.
en la estridente noche.
Relámpagos
en la santa oscuridad.
El cielo se retuerce,
se expande el Universo.
El dedo de Dios,
sobre la frente de su creación.
El reflejo de su soplo divino,
emana vida
en el rostro del hombre.
De malicia
hereda la palabra.
Contracciones hacen del silencio,
sus pensamientos.
Mas allá
la perfección
de su carne,
el aliento fétido de su alma,
se presiente.
En la mutación silente
de sus primeros pasos,
la nada se estremece.
La naturaleza tiembla...
La viva imagen
del Dios perfecto,
la sangre hermana
en las manos
la imperfección, hecha modelo.
Escalofríos en la piel de la noche,
su presencia anida la trama.
La frente de Dios omnipotente
en un rictus inesperado,
acumulando dolor
sus preocupaciones.
Y más allá
de la perfección de su carne,
la noche en cada esquina
murmura lo cognoscible;
pero Dios
no se atreve a preguntar
en espera de lo que ya sabe
y llora por su creación... en silencio.
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