César León
Poeta recién llegado
Allí donde tu boca me llevaba
entre los sueños de un amor que no moría,
carmesí como un pecado que quemaba,
lloré tu nombre como se llora una elegía.
Frente a la duda de ser todo o ser nada
aquí en mi pecho fuiste noche y fuiste día.
Dos palabras se me enredaban en el alma;
fingí que no importaba, pero mis ojos no mentían.
Tu belleza y mi locura ya se amaban;
tus miedos y mi orgullo resistían,
tu silencio y mi fe se arrodillaban
y mis fantasmas, derrotados, sonreían.
Debí escuchar lo que el pasado susurraba
para apreciar lo que el presente me traía.
Vi el futuro fulgurando en tus pestañas,
besé tus labios y ese amor del que te hablaba,
aquella noche de verano, cobró vida.
entre los sueños de un amor que no moría,
carmesí como un pecado que quemaba,
lloré tu nombre como se llora una elegía.
Frente a la duda de ser todo o ser nada
aquí en mi pecho fuiste noche y fuiste día.
Dos palabras se me enredaban en el alma;
fingí que no importaba, pero mis ojos no mentían.
Tu belleza y mi locura ya se amaban;
tus miedos y mi orgullo resistían,
tu silencio y mi fe se arrodillaban
y mis fantasmas, derrotados, sonreían.
Debí escuchar lo que el pasado susurraba
para apreciar lo que el presente me traía.
Vi el futuro fulgurando en tus pestañas,
besé tus labios y ese amor del que te hablaba,
aquella noche de verano, cobró vida.