GEOMETRÍAS DE LA DECEPCIÓN
Nació de la cara venenosa del espejo:
el camino rompió brumas y apareció entre aullidos
avanzó por círculos y árboles en esquema
adornados por cadáveres de pájaros
en estático equilibrio.
Buscando apoyos entre el musgo
y los audaces precipicios
el camino circuncidó las rocas
creando los sombreros de copa.
Abruptos descensos violentaron
la plácida siesta de las doncellas durmientes
mientras abajo el mar rugía feliz
por el reciente naufragio de un convento.
Pequeñas ondinas ocuparon sus lugares en el coro
para entonar los maitines vernáculos y enviciados
Ignoraban las ondinas el trágico devenir
de los cánticos gregorianos.
Adornando paralelas graznaban las gaviotas
Pero era yo quien caminaba boca abajo
en un áspero retroceso de mi vida.
Clandestinamente nacido ignoraba mi destino
adjudicado por los dioses.
Sólo sabía que yo era un turbio personaje de las sombras
y que apenas una carga soez aunque liviana
me llevaría a un reposo conjugado entre ecuaciones.
Era el presagio de la tonalidad apagada
que iba a señalar mi andadura
entre las fauces entreabiertas de los ángulos agudos
y el bajo continuo del graznido de los cuervos.
¿Cómo llegué a tan atroz camino
yo, amante como soy de las puras geometrías
de los murmullos sublimes de los bosques y las fuentes
de las manos enguantadas de las mujeres de mundo?
Sobre la desolada llanura apenas un revoloteo de hojarasca
la vida se había disuelto en inéditos arcoiris de ácidos colores
y las casas apenas entrevistas entre la niebla y el polvo
eran tan ajenas a la hospitalidad como guaridas de lobo.
Era un mundo devastado sin apenas geometría
cruzado por el camino surgido de la cara venenosa del espejo
que yo seguía silencioso con la aceptación
del animal amaestrado
buscando siquiera una elipse o un romboide
que aceptasen mis frágiles desmayos.
Ilust.: W. Kandinsky.
Nació de la cara venenosa del espejo:
el camino rompió brumas y apareció entre aullidos
avanzó por círculos y árboles en esquema
adornados por cadáveres de pájaros
en estático equilibrio.
Buscando apoyos entre el musgo
y los audaces precipicios
el camino circuncidó las rocas
creando los sombreros de copa.
Abruptos descensos violentaron
la plácida siesta de las doncellas durmientes
mientras abajo el mar rugía feliz
por el reciente naufragio de un convento.
Pequeñas ondinas ocuparon sus lugares en el coro
para entonar los maitines vernáculos y enviciados
Ignoraban las ondinas el trágico devenir
de los cánticos gregorianos.
Adornando paralelas graznaban las gaviotas
Pero era yo quien caminaba boca abajo
en un áspero retroceso de mi vida.
Clandestinamente nacido ignoraba mi destino
adjudicado por los dioses.
Sólo sabía que yo era un turbio personaje de las sombras
y que apenas una carga soez aunque liviana
me llevaría a un reposo conjugado entre ecuaciones.
Era el presagio de la tonalidad apagada
que iba a señalar mi andadura
entre las fauces entreabiertas de los ángulos agudos
y el bajo continuo del graznido de los cuervos.
¿Cómo llegué a tan atroz camino
yo, amante como soy de las puras geometrías
de los murmullos sublimes de los bosques y las fuentes
de las manos enguantadas de las mujeres de mundo?
Sobre la desolada llanura apenas un revoloteo de hojarasca
la vida se había disuelto en inéditos arcoiris de ácidos colores
y las casas apenas entrevistas entre la niebla y el polvo
eran tan ajenas a la hospitalidad como guaridas de lobo.
Era un mundo devastado sin apenas geometría
cruzado por el camino surgido de la cara venenosa del espejo
que yo seguía silencioso con la aceptación
del animal amaestrado
buscando siquiera una elipse o un romboide
que aceptasen mis frágiles desmayos.
Ilust.: W. Kandinsky.