Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Gigante barca que abraza a las constelaciones
Día diáfano, gigante como el viento que se enmaraña
en la hamaca púdica de un mundo cándido.
Ya tu barcaza de pétalos
hasta absorta se tiño de luciérnaga augusta,
albor que igual bondadoso crespo,
titila en el águila fulgurante a la vega húmeda de un rubor,
es el néctar lozano de una caracola tímida
que cuando aurora, fue mustia mirada
y ahora caricia, caricia prodiga.
La penumbra se agacha al balcón de la inocente rosa
y el ego lisonjero del atardecer
cabalga hacia tu cuerpo de azalea,
hacia el lecho del otoño que por citadino,
ya unicornio fuera de tu palabra.
He manifestado que la razón se revuelca en un río,
día diáfano, pero al fin día y al fin gigante
como una caricia prodiga de pájaro, que hace que tu amor
se pose en lo ondulado del cielo como gigante barca
que abraza a las constelaciones.
Día diáfano, gigante como el viento que se enmaraña
en la hamaca púdica de un mundo cándido.
Ya tu barcaza de pétalos
hasta absorta se tiño de luciérnaga augusta,
albor que igual bondadoso crespo,
titila en el águila fulgurante a la vega húmeda de un rubor,
es el néctar lozano de una caracola tímida
que cuando aurora, fue mustia mirada
y ahora caricia, caricia prodiga.
La penumbra se agacha al balcón de la inocente rosa
y el ego lisonjero del atardecer
cabalga hacia tu cuerpo de azalea,
hacia el lecho del otoño que por citadino,
ya unicornio fuera de tu palabra.
He manifestado que la razón se revuelca en un río,
día diáfano, pero al fin día y al fin gigante
como una caricia prodiga de pájaro, que hace que tu amor
se pose en lo ondulado del cielo como gigante barca
que abraza a las constelaciones.
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