Ovidio1932
Poeta recién llegado
Tierra regada por la sangre
Y el sudor de sus frentes.
Desde los furiosos diamantes
Por los picos de esmeraldas
Tras los mantos de oro
Hasta la alfombra de turquesa
Semilla erguida orgullosa
Que ahora duerme soñando
En sus andares de grandeza
Gigante que tambalea
ante las cuerdas de una guitarra
y el silbido de una gaita.
Gentes de mirar brillante
Esconden su orgullo
En el fondo del cajón
Tras una botella de ron
No es fácil protegerlo
Y conseguirlo es muy caro
Se alzan con impotencia
Sus cimientos de la vida
Son esas piedras
Las únicas que rozan el cielo
Entre sus almenas
Sus bóvedas le miman con celo
Picas, puñales, fusiles
Herramientas del diablo
Que evitan la venida del mismo
Tanta sangre corre por ellos
Que hasta hicieron de él
Un súbdito incondicional
Las olas la llevaron
De paseo por el mundo
Y decidió que lo quería
Al hacerse con el
El gigante despertó
Y a David le enterró
Vendría más tarde
Pero hasta que el alba muriese
Vinos y cervezas frías
Se seguirían sirviendo
En las tabernas de la gloría
De butacas de oro macizo
El oro pesa en el alma
Y su recuerdo hundido
ensuciado por la tinta
Tocando fondo
Se entierra en sus recuerdos
El gigante se vuelve manso
Pero nadie es su amo
Algunos quieren serlo
E intentan acariciar su memoria
Pero le clava los colmillos
Abriendo una amarga herida
Y el gigante continúa
En su travesía de los sueños
Ni el olor del jengibre
Ya tensa sus músculos
Ni el sabor de la sangre
Deleita sus papilas
Solo una cosa lo hace despertar
Pero en vez de crecer
Se apuñala a si mismo
Intentando lamer sus heridas
Haciéndolas más hondas
A dormir otra vez
Y en este sueño continúa
Esperando a levantar sus brazos
Para al fin recuperar
Su bien más preciado
Su dignidad.
Y el sudor de sus frentes.
Desde los furiosos diamantes
Por los picos de esmeraldas
Tras los mantos de oro
Hasta la alfombra de turquesa
Semilla erguida orgullosa
Que ahora duerme soñando
En sus andares de grandeza
Gigante que tambalea
ante las cuerdas de una guitarra
y el silbido de una gaita.
Gentes de mirar brillante
Esconden su orgullo
En el fondo del cajón
Tras una botella de ron
No es fácil protegerlo
Y conseguirlo es muy caro
Se alzan con impotencia
Sus cimientos de la vida
Son esas piedras
Las únicas que rozan el cielo
Entre sus almenas
Sus bóvedas le miman con celo
Picas, puñales, fusiles
Herramientas del diablo
Que evitan la venida del mismo
Tanta sangre corre por ellos
Que hasta hicieron de él
Un súbdito incondicional
Las olas la llevaron
De paseo por el mundo
Y decidió que lo quería
Al hacerse con el
El gigante despertó
Y a David le enterró
Vendría más tarde
Pero hasta que el alba muriese
Vinos y cervezas frías
Se seguirían sirviendo
En las tabernas de la gloría
De butacas de oro macizo
El oro pesa en el alma
Y su recuerdo hundido
ensuciado por la tinta
Tocando fondo
Se entierra en sus recuerdos
El gigante se vuelve manso
Pero nadie es su amo
Algunos quieren serlo
E intentan acariciar su memoria
Pero le clava los colmillos
Abriendo una amarga herida
Y el gigante continúa
En su travesía de los sueños
Ni el olor del jengibre
Ya tensa sus músculos
Ni el sabor de la sangre
Deleita sus papilas
Solo una cosa lo hace despertar
Pero en vez de crecer
Se apuñala a si mismo
Intentando lamer sus heridas
Haciéndolas más hondas
A dormir otra vez
Y en este sueño continúa
Esperando a levantar sus brazos
Para al fin recuperar
Su bien más preciado
Su dignidad.