Y el alivio de la Luna etérea;
invocando a la Luna, para compartir y para escribir con mil patas…
y las bibliotecas que sueltan sus esporas por nuestros recuerdos…
y al atardecer, los cangrejos tocan sus guitarras sobre las ramas,
y flotando en el aire el festival de hogueras cristianas…
y a algún paso de ser algo más,
mientras los naipes de avispa, quedaron a la deriva por los oleajes de los pensamientos,
y un dolorcillo se queda olvidado por los relatos extensos…
y nos envuelven y abrigan las hojas de los árboles,
de ese gigante parque botánico de la ciudad.