Leona sumisa
Poeta recién llegado
Todas las hojas de los árboles caen enamoradas del viento, el niño señala las palomas al volar. Miro al suelo. Miro al cielo .Parezco despistada en algún lugar. La ciudad hace espejos en el suelo , arcoíris aceitosos escurriendo al lado de la catedral .Palacios infinitos donde reinan tus mentiras .Es invierno en esta primavera , es otoño en calendario universal.
Saludo a la chica que siempre veo en la tienda de discos, sonrisa perfecta , cabello castaño, pearcing en la ceja , tatuaje en el tobillo de nota musical, no perderé nada, con sonreírle a ella o al frutero, darle la ultima moneda al mendigo borracho que nunca se le entiende hablar.
Los vecinos agitan las manos lentas como lo hacen cada mañana.!! Como he crecido, como he cambiado!!. Sigo. Despacio, a ningún lugar, a respirar .
Quito las orugas y las mariposas de mis botas negras sosteniéndolas en mis dedos, susurrando frases al chico del bus que me mira de lejos, haciendo gestos a mi gata para que lama mi mano y se esconda en mi bufanda al intentarla acariciar. El granizo choca a un lado de mi rostro recostado al frio cristal .Muecas en el espejo para verificar mi falta de gracia al cantar.
Un… dos... tres… números tachados en mi agenda con una sola línea,
Felices .De imaginarse que no están aquí, o sobrios. Indiferentes. Nunca enterados .Escasos de acertar confusos quien los recuerda o los tacha de una u otra manera .Pero siguen ahí .En este remoto bailar sin fin. Entre los recuerdos más bonitos que hoy puedo escribir, que sonríen en mis ojos, que plasmaron su esencia infinita dentro de mí. Y nunca emigrarán.
Entran todos al metro. Caras diferentes. Rostros nuevos .Todos enviciados. Indecisos. Profundamente enamorados. Despistados, o simplemente aburridos. Estas son las cosas que me hacen querer vivir. Escribir ;aunque no lo creas. Gasto mi tinta en los papeles invisibles de mi memoria, estando totalmente segura de que al encontrar uno real, no lo recordaré.
Contar monedas sin cara de preocupación o ansiedad es mi manera de irónicamente reír. Pedir la hora, puede ser el mejor momento del día, o la mejor excusa, para poder hablarle. A quien desee dulce señorita, que siempre pisa lo charcos de manera intencional.
Vivir: en la profunda tontería suave de la soledad.
En la caricia del aroma tierno de respirar. En el tambaleo de un niño en un muro angosto al tropezar.
Haciendo un tìtere de la monotonìa.
Simplemente dejándole las lentas pisadas al viento amante de la arena nómada que vuela, que te enseñe como es la vida.
Voy Aprendiendo a amarme en soledad.
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