Giros

Raul Matas Sanchez

Poeta adicto al portal
Son giros en redondo, como camino de fondo, con muecas y sonrisas,
con el caminar hasta el fondo de la habitación y volver al revés,
y darme un respiro y tomarme un café,
visitar las esquinas de la calle en que nací,
cuando regresaba del lugar en el cual conviví, con luceros y cisternas,
con almuerzos y reprimendas, con el seguro servidor de las vertientes,
el vientre amenazado, las luces en tono apagado, la vida, la simiente,
el rostro alegrado por tanto cansancio abandonado,
por el camino de las sombras, el caudal de los dolores,
la lluvia,
el campo, el suelo cada tanto, cada intento de cruzarlo, cada paso,
en fín,
el diluvio universal por mañana,
el camino al trabajo, al jornal de cada día,
las noticias que deambulan por el metro de Santiago,
con aquellos caminantes como yo en escondites,
de esos mundos, las familias, las parejas y disparejas,
con ese enjambre de señores, con figuras de señoras,
con niñitas, con paletas, con dulces pataletas,
y ese hombre que camina, y esa niña que se esconde,
ese fuego, esa lumbre, esa débil situación,
esa noble profesión, ese oficio de cantante,
de danzante en procesión, de virtuoso y pensador,
que nos lleva a culminar otro día de fragor.
Es entonces cuando pienso en la batalla del mejor,
el callado, la habladora, la inefable contestadora,
ruidosa y musical, mecánica y visceral,
que nos habla por parlantes,
que nos llama en los destiempos,
que nos vibra, nos espera, como cierto celular,
que acompaña las entradas a la tienda, a la sala, al ruidoso corazón,
cuando este late fuerte, late siempre,
late a punto de estallar,
y nos vemos obligados,
maniatados, sin cesar, a otorgar más tiempo y sus horas,
a la labor de trabajar.
 
Preciosa obra, es delicioso encontrarse con composiciones tan originales, tan diferentes, tan tuyas gran poeta, son los giros, esos giros que me permiten vivir y estar aqui leyendo esta hermosa composición, abrazos y bendiciones...
 
Son giros en redondo, como camino de fondo, con muecas y sonrisas,
con el caminar hasta el fondo de la habitación y volver al revés,
y darme un respiro y tomarme un café,
visitar las esquinas de la calle en que nací,
cuando regresaba del lugar en el cual conviví, con luceros y cisternas,
con almuerzos y reprimendas, con el seguro servidor de las vertientes,
el vientre amenazado, las luces en tono apagado, la vida, la simiente,
el rostro alegrado por tanto cansancio abandonado,
por el camino de las sombras, el caudal de los dolores,
la lluvia,
el campo, el suelo cada tanto, cada intento de cruzarlo, cada paso,
en fín,
el diluvio universal por mañana,
el camino al trabajo, al jornal de cada día,
las noticias que deambulan por el metro de Santiago,
con aquellos caminantes como yo en escondites,
de esos mundos, las familias, las parejas y disparejas,
con ese enjambre de señores, con figuras de señoras,
con niñitas, con paletas, con dulces pataletas,
y ese hombre que camina, y esa niña que se esconde,
ese fuego, esa lumbre, esa débil situación,
esa noble profesión, ese oficio de cantante,
de danzante en procesión, de virtuoso y pensador,
que nos lleva a culminar otro día de fragor.
Es entonces cuando pienso en la batalla del mejor,
el callado, la habladora, la inefable contestadora,
ruidosa y musical, mecánica y visceral,
que nos habla por parlantes,
que nos llama en los destiempos,
que nos vibra, nos espera, como cierto celular,
que acompaña las entradas a la tienda, a la sala, al ruidoso corazón,
cuando este late fuerte, late siempre,
late a punto de estallar,
y nos vemos obligados,
maniatados, sin cesar, a otorgar más tiempo y sus horas,
a la labor de trabajar.
Giros para vivir entre las bellas hipotesis de un poema de vetasy
brotes que son medida para el pliegue de un sometimiento y sentido
convocado por la necesidad. poema lleno de contemplacioens.
magnifico. felicidades. luzyabsenta
 

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