Jcmch
Poeta veterano en el portal.
La luna se estremece en sus dormidas soledades.
El horizonte parece ennoblecer la nocturnidad con sonidos.
El aire ausente y límpido evoca la sencillez de las palabras.
Un cielo oscuro y distante se entrega en el letargo del sentimiento.
La madre gitana entona un canto suave, delicado, dulce
una tibia oración de amor y paciencia
a su hijo, que lentamente se adormece en sus brazos.
Un niño que sueña con los héroes de su estirpe.
Su padre, un ferviente republicano
Su obsesión y su pasión desangrante, son los fascistas.
No tiene más familias, sino sus combatientes.
No tiene más enemigos, sino Franco.
Mientras, en la soledad y el desarraigo, su mujer mira hacia la Luna.
Quisiese ella ver los ojos verdes y puros de su hombre
dormir entre sus brazos y cobijarse en su mirada
quisiera ya que se abandonase la guerra entre hermanos.
Pero mientras, su hijo reposa en su seno
una esperanza de las estrellas y la vida,
un pedazo de su amor alejado y doliente
una luz que aguarda en medio de la oscuridad de sus tiempos.
Ella canta sus notas de amor al horizonte.
Su hijo duerme placidamente en sus brazos.
Pero ella no calla. Su voz se extiende por la penumbra
y los valles serenos e su tierra.
Ah, luna! Alivia su dolor y su tristeza.
Que acabe su amargo esperar.
Dale un respiro a su amor despejado y herido.
Que una guerra sin razón acabe ya.
El horizonte parece ennoblecer la nocturnidad con sonidos.
El aire ausente y límpido evoca la sencillez de las palabras.
Un cielo oscuro y distante se entrega en el letargo del sentimiento.
La madre gitana entona un canto suave, delicado, dulce
una tibia oración de amor y paciencia
a su hijo, que lentamente se adormece en sus brazos.
Un niño que sueña con los héroes de su estirpe.
Su padre, un ferviente republicano
Su obsesión y su pasión desangrante, son los fascistas.
No tiene más familias, sino sus combatientes.
No tiene más enemigos, sino Franco.
Mientras, en la soledad y el desarraigo, su mujer mira hacia la Luna.
Quisiese ella ver los ojos verdes y puros de su hombre
dormir entre sus brazos y cobijarse en su mirada
quisiera ya que se abandonase la guerra entre hermanos.
Pero mientras, su hijo reposa en su seno
una esperanza de las estrellas y la vida,
un pedazo de su amor alejado y doliente
una luz que aguarda en medio de la oscuridad de sus tiempos.
Ella canta sus notas de amor al horizonte.
Su hijo duerme placidamente en sus brazos.
Pero ella no calla. Su voz se extiende por la penumbra
y los valles serenos e su tierra.
Ah, luna! Alivia su dolor y su tristeza.
Que acabe su amargo esperar.
Dale un respiro a su amor despejado y herido.
Que una guerra sin razón acabe ya.