Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
—Yo no creo en las gitanas que leen la mano.
—Si no crees, —¿Qué daño podría hacerte preguntar?
Vamos, pregunta, —le dijo con una voz pícara y una reverencia casi exquisita al pedirle la palma de la mano.
—Es inútil —le dijo determinante, alejándose de ella. Fue entonces cuando creyó ver y escuchar algo.
—No, no lo fue y no lo es —respondió una voz que parecía provenir de una esquina, donde la oscuridad serpenteaba en la sombra de un árbol al ser proyectada.
—Lo sabes, siempre lo has sabido. —Esa certeza en forma de miedo, al sentir que te observaban. El temor cuando eras niño, a la oscuridad. Todo eso que pensabas que solo imaginabas, —es cierto.
—Si no crees, —¿Qué daño podría hacerte preguntar?
Vamos, pregunta, —le dijo con una voz pícara y una reverencia casi exquisita al pedirle la palma de la mano.
—Es inútil —le dijo determinante, alejándose de ella. Fue entonces cuando creyó ver y escuchar algo.
—No, no lo fue y no lo es —respondió una voz que parecía provenir de una esquina, donde la oscuridad serpenteaba en la sombra de un árbol al ser proyectada.
—Lo sabes, siempre lo has sabido. —Esa certeza en forma de miedo, al sentir que te observaban. El temor cuando eras niño, a la oscuridad. Todo eso que pensabas que solo imaginabas, —es cierto.
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