Jcmch
Poeta veterano en el portal.
Gloria a tus manos, que curten mis lágrimas de salvia.
Por última vez me entrego a tu lamento angelical.
Omnipotente grito bipolar, desgrana mis palabras
en dulces notas corales, como la soledad artificial.
Misecordia, excelso aroma que ahora escucho latente.
Sacrificio, el espíritu que enamora con sus flujos.
Ahora, en la sangre eterna de la melancolía,
no sabe si enjugar o perder su omnipotencia.
Gloria! Oh Justo Remanente de dolor.
No serán jamás mis gloriosos cantos escuchados
entre la muerte susurrante de la Tierra.
Envía lluvias que emboten la materia sublime.
Misecordia! Esa que baña tus soles excelsos.
Juicio de perverso sentimiento.
Caigo en la oscuridad, sin más remedio
que la inocente emoción del miedo.
La luz divina resucitara tus cenizas.
Nunca veras jamás el dolor y la desgracia.
Yo hago justicia por tus cabellos,
yo me entrego en tu nombre, por tus dulces labios.
Tus alas rodearan mi visión inequívoca del cielo.
En libertad, en el tierno anhelo de los mortales.
Santísimo brillo el de tu mirada
que la esperanza colmó de los brillos de la inmortalidad.
¡Dolor! Muero ante mi sereno abandono.
Pero nada vale ni siquiera mi tragedia,
tanto como tu forma perdida en mi memoria,
al lado de los suspiros gloriosos de la vida.
¡Oh! Serenidad. ¡Oh! Paz.
Sacrifio de la sangre de tus hijos.
Cantas como en estirpe de lejanas mitologías.
Oigo como gime el cielo, y como se derraman los espíritus.
Gloria a tu soledad, a tu luz santa.
Gloria al hombre que muere conmigo.
Por última vez me entrego a tu lamento angelical.
Omnipotente grito bipolar, desgrana mis palabras
en dulces notas corales, como la soledad artificial.
Misecordia, excelso aroma que ahora escucho latente.
Sacrificio, el espíritu que enamora con sus flujos.
Ahora, en la sangre eterna de la melancolía,
no sabe si enjugar o perder su omnipotencia.
Gloria! Oh Justo Remanente de dolor.
No serán jamás mis gloriosos cantos escuchados
entre la muerte susurrante de la Tierra.
Envía lluvias que emboten la materia sublime.
Misecordia! Esa que baña tus soles excelsos.
Juicio de perverso sentimiento.
Caigo en la oscuridad, sin más remedio
que la inocente emoción del miedo.
La luz divina resucitara tus cenizas.
Nunca veras jamás el dolor y la desgracia.
Yo hago justicia por tus cabellos,
yo me entrego en tu nombre, por tus dulces labios.
Tus alas rodearan mi visión inequívoca del cielo.
En libertad, en el tierno anhelo de los mortales.
Santísimo brillo el de tu mirada
que la esperanza colmó de los brillos de la inmortalidad.
¡Dolor! Muero ante mi sereno abandono.
Pero nada vale ni siquiera mi tragedia,
tanto como tu forma perdida en mi memoria,
al lado de los suspiros gloriosos de la vida.
¡Oh! Serenidad. ¡Oh! Paz.
Sacrifio de la sangre de tus hijos.
Cantas como en estirpe de lejanas mitologías.
Oigo como gime el cielo, y como se derraman los espíritus.
Gloria a tu soledad, a tu luz santa.
Gloria al hombre que muere conmigo.