Toda una eternidad yo llevaría,
al ángulo frontal de tu mirada,
y en olas de incesante movimiento,
calmadamente yo te mecería.
Dibujaré tu rostro en mi almohada,
cerrando en el recuerdo ese momento,
en que fuiste mujer amiga mía,
la paz que habita siempre el pensamiento.
Yo guardaré celoso la cancela
de la puerta que me lleva a tu alegria,
golondrina del nido de mi alma
vuela con libertad sobre mi vida.
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