BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Van cayendo gotas
gotas cristalinas de azufre
en las afueras convertidas
en los aires sustitutas
prostituidas por los sauces
que invitan a los laúdes
convocando la desdicha
incitando la lascivia.
Doy mi fe por cuatro monedas
en las porquerizas dialogo con platónicos
enfermos de una vacua enfermedad
esa tremenda incapacidad en el lenguaje de las vacas
donde la saliva conlleva las aturdidas palabras.
Y dejo mi boca para el crepúsculo
termita a termita mi boca, núcleo duro
de las palabras silenciosas.
Omito los labios acuchillados en las comisuras
buques de nostalgia invaden mis cuchillos
la brusquedad de un aparato salvaje,
la inexistencia de un amanecer indolente.
Amanezco con la boca partida
llena de palabras hormigas que flotan
entre troncos livianos de medusas acuáticas
y sacos de inexperiencia.
Oh fe, cuánta dormida, por las barracas,
en los estultos rostros de los carcomidos
borrachos nocturnos.
Mi fe, que ventilé por los cuatro costados,
desorientado, confuso, abandonado por laterales
de piso y cloacas insípidas.
Esa belleza cíclica, esa enorme estética
del parto, junto a esas gestaciones de leguminosas
y hambre.
©
gotas cristalinas de azufre
en las afueras convertidas
en los aires sustitutas
prostituidas por los sauces
que invitan a los laúdes
convocando la desdicha
incitando la lascivia.
Doy mi fe por cuatro monedas
en las porquerizas dialogo con platónicos
enfermos de una vacua enfermedad
esa tremenda incapacidad en el lenguaje de las vacas
donde la saliva conlleva las aturdidas palabras.
Y dejo mi boca para el crepúsculo
termita a termita mi boca, núcleo duro
de las palabras silenciosas.
Omito los labios acuchillados en las comisuras
buques de nostalgia invaden mis cuchillos
la brusquedad de un aparato salvaje,
la inexistencia de un amanecer indolente.
Amanezco con la boca partida
llena de palabras hormigas que flotan
entre troncos livianos de medusas acuáticas
y sacos de inexperiencia.
Oh fe, cuánta dormida, por las barracas,
en los estultos rostros de los carcomidos
borrachos nocturnos.
Mi fe, que ventilé por los cuatro costados,
desorientado, confuso, abandonado por laterales
de piso y cloacas insípidas.
Esa belleza cíclica, esa enorme estética
del parto, junto a esas gestaciones de leguminosas
y hambre.
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