Julián Gaibor
Poeta recién llegado
Cautiva alma impura
un solo bocado de aquel
brindis para olvidar al mundo,
donde el estoicismo
es la alegría de pocos.
Aquella copa
con el cristal roto,
no bastó para saciar la vasta sed,
no de vino
ni de las más fuertes y extravagantes
pócimas,
sino de la fe que un día
derramo sin saber.
Es verdad el tiempo no perdona,
el ser etílico poco reacciona
pero vaya! que disfruta el sabor de la hiel.
Cuanto daría por beber
la última gota de la vida
y así entenderé que vale mas
llenar la copa con fe, que derramar
las gotas del ayer.
un solo bocado de aquel
brindis para olvidar al mundo,
donde el estoicismo
es la alegría de pocos.
Aquella copa
con el cristal roto,
no bastó para saciar la vasta sed,
no de vino
ni de las más fuertes y extravagantes
pócimas,
sino de la fe que un día
derramo sin saber.
Es verdad el tiempo no perdona,
el ser etílico poco reacciona
pero vaya! que disfruta el sabor de la hiel.
Cuanto daría por beber
la última gota de la vida
y así entenderé que vale mas
llenar la copa con fe, que derramar
las gotas del ayer.