Funes30
Poeta recién llegado
Como un hermoso día de verano,
un padre, una hija y una nueva casa…
“Qué bonita casa”, decía el padre, “un lugar perfecto para que mi retoño crezca”.
Pasaron los meses y llegó el invierno. La casa parecía tan perfecta, pero no protegía del frío; sus paredes hacían que el frío se sintiera más helado. El padre, día tras día, trabajando, y esa pequeña niña todo el día en casa. Carecía de calor.
Creció y creció, acostumbrándose al frío y aprendiendo a amar esa casa que le proporcionó lo básico: techo, paredes y un lugar donde habitar, pero jamás se sintió acogedora.
El padre lo sabía, la gente lo sabía. Se lamentaban de aquella casa, pero luego se iban y otra vez solo quedaban esa niña y la casa.
Todos creían conocer mejor esa casa, pues en sus inicios era muy linda y acogedora para algunos, pero debido al desgaste, esa casa no pudo darle lo que esa niña necesitaba y anhelaba con su corazón: calor, un hogar.
La niña tenía que limpiar todo el tiempo, pues la casa tenía muchas goteras; las ventanas no protegían del polvo. No era responsabilidad de esa niña limpiar todo lo que esa casa provocaba, pero ahí estaba: esa niña agotada, porque desde que era muy pequeña tuvo que crecer ahí.
No lograba completar con éxito nada, pues sus ánimos ya no daban más, pero tenía que seguir… seguir amando esa casa que no le dio, ni le daría, libertad.
Todos juzgaron esa casa, pero salieron cuando ya no soportaron más. Pero esa chica… esa chica era prisionera, porque aunque saliera, el único lugar que tenía para regresar era esa fría casa.
Su papá estaba ahí, pero él salía y regresaba como se le antojaba; para la chica nunca sería así.
Esa casa la tenía tan agotada que la convenció mentalmente de que nunca llegaría a tener una casa mejor que esa, porque nunca fue capaz de reparar todos sus daños. ¿Cómo la vida le daría una casa que se sintiera acogedora?
Y ahí estaba la chica, prisionera de la casa y de sus propios pensamientos, que nunca podría compartir, porque sí, era una casa defectuosa, pero tenía casa. Y si reconocía que su casa era defectuosa, la defectuosa sería ella por juzgaron aquella casa o mejor dicho "aquella carcel".
.
Así que, en fin… era esa casa robandole sus sueños e ilusiones a esa chica, tratando de hacerla sentir igual de defectuosa para no ser la única.
un padre, una hija y una nueva casa…
“Qué bonita casa”, decía el padre, “un lugar perfecto para que mi retoño crezca”.
Pasaron los meses y llegó el invierno. La casa parecía tan perfecta, pero no protegía del frío; sus paredes hacían que el frío se sintiera más helado. El padre, día tras día, trabajando, y esa pequeña niña todo el día en casa. Carecía de calor.
Creció y creció, acostumbrándose al frío y aprendiendo a amar esa casa que le proporcionó lo básico: techo, paredes y un lugar donde habitar, pero jamás se sintió acogedora.
El padre lo sabía, la gente lo sabía. Se lamentaban de aquella casa, pero luego se iban y otra vez solo quedaban esa niña y la casa.
Todos creían conocer mejor esa casa, pues en sus inicios era muy linda y acogedora para algunos, pero debido al desgaste, esa casa no pudo darle lo que esa niña necesitaba y anhelaba con su corazón: calor, un hogar.
La niña tenía que limpiar todo el tiempo, pues la casa tenía muchas goteras; las ventanas no protegían del polvo. No era responsabilidad de esa niña limpiar todo lo que esa casa provocaba, pero ahí estaba: esa niña agotada, porque desde que era muy pequeña tuvo que crecer ahí.
No lograba completar con éxito nada, pues sus ánimos ya no daban más, pero tenía que seguir… seguir amando esa casa que no le dio, ni le daría, libertad.
Todos juzgaron esa casa, pero salieron cuando ya no soportaron más. Pero esa chica… esa chica era prisionera, porque aunque saliera, el único lugar que tenía para regresar era esa fría casa.
Su papá estaba ahí, pero él salía y regresaba como se le antojaba; para la chica nunca sería así.
Esa casa la tenía tan agotada que la convenció mentalmente de que nunca llegaría a tener una casa mejor que esa, porque nunca fue capaz de reparar todos sus daños. ¿Cómo la vida le daría una casa que se sintiera acogedora?
Y ahí estaba la chica, prisionera de la casa y de sus propios pensamientos, que nunca podría compartir, porque sí, era una casa defectuosa, pero tenía casa. Y si reconocía que su casa era defectuosa, la defectuosa sería ella por juzgaron aquella casa o mejor dicho "aquella carcel".
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Así que, en fin… era esa casa robandole sus sueños e ilusiones a esa chica, tratando de hacerla sentir igual de defectuosa para no ser la única.