crisantemo
Poeta fiel al portal
Escribo palabras de agradecimiento hacia mi padre
por tantos esfuerzos que hizo para mantenerme lejos del vicio
y por meterme en la cabeza una moral que nunca me sirvió para nada.
Bueno sí, no pude hablar, o lo que sea estar, con una chica
con naturalidad por un problema con el tizne de los pecados.
Fue mucha la vergüenza que pasé en el lavadero, el jabón lo tiene el cura,
parece mentira la falta de memoria de un personal tan leído,
fui siempre con el mismo relato erótico,
y me hizo contarlo cada vez con todo lujo de detalles.
Pero eso es lo de menos, con las hormonas dopadas de incienso,
pude ser un jugador de ajedrez de medio pelo
un mal dibujante
y un peor músico.
A base de destrozarme la adolescencia con lecciones
llegué a ser la envidia de las vecinas y el hazmerreír de sus hijas.
Para asegurar el tiro
en mi perfil de aspirante a solitario me puso de compañero un estuche de violonchelo
un instrumento idóneo para ligar o hacer amigos.
Ahora soy un viejo culto al que la soledad no le molesta
no me machaca porque la entiendo como un karma, como un mal necesario
para que el artista que nunca fui
pueda al fin florecer, que igual soy de una variedad tardía,
y crear obras de esas que admiran al mundo
porque lo hacen más justo y muchísimo más bonito.
Quizá para eso me entrenó desde pequeño en esta disciplina,
otro regalo que tengo que agradecer a mi padre.
El cabrón era un visionario, ya sabía que acabaría solo
y no me dijo nada.
Pase toda la mili con la gorra de novato
aceptando todas las putadas con una sonrisa
acumulando gambas peladas en el borde del plato para el deleite final
y pasó el camarero mientras estaba en el lavabo
y lo retiró.
Suerte que la cara de imbécil la llevo de serie
eso también tengo que agradecérselo a mi padre.
No sé si me dará tiempo de aquí a que me muera
es mucho lo que le tengo que agradecer.
Suerte que estoy solo
y estando solo el tiempo pasa más lento y cunde más
joder, con el viejo, lo tenía todo calculado.
por tantos esfuerzos que hizo para mantenerme lejos del vicio
y por meterme en la cabeza una moral que nunca me sirvió para nada.
Bueno sí, no pude hablar, o lo que sea estar, con una chica
con naturalidad por un problema con el tizne de los pecados.
Fue mucha la vergüenza que pasé en el lavadero, el jabón lo tiene el cura,
parece mentira la falta de memoria de un personal tan leído,
fui siempre con el mismo relato erótico,
y me hizo contarlo cada vez con todo lujo de detalles.
Pero eso es lo de menos, con las hormonas dopadas de incienso,
pude ser un jugador de ajedrez de medio pelo
un mal dibujante
y un peor músico.
A base de destrozarme la adolescencia con lecciones
llegué a ser la envidia de las vecinas y el hazmerreír de sus hijas.
Para asegurar el tiro
en mi perfil de aspirante a solitario me puso de compañero un estuche de violonchelo
un instrumento idóneo para ligar o hacer amigos.
Ahora soy un viejo culto al que la soledad no le molesta
no me machaca porque la entiendo como un karma, como un mal necesario
para que el artista que nunca fui
pueda al fin florecer, que igual soy de una variedad tardía,
y crear obras de esas que admiran al mundo
porque lo hacen más justo y muchísimo más bonito.
Quizá para eso me entrenó desde pequeño en esta disciplina,
otro regalo que tengo que agradecer a mi padre.
El cabrón era un visionario, ya sabía que acabaría solo
y no me dijo nada.
Pase toda la mili con la gorra de novato
aceptando todas las putadas con una sonrisa
acumulando gambas peladas en el borde del plato para el deleite final
y pasó el camarero mientras estaba en el lavabo
y lo retiró.
Suerte que la cara de imbécil la llevo de serie
eso también tengo que agradecérselo a mi padre.
No sé si me dará tiempo de aquí a que me muera
es mucho lo que le tengo que agradecer.
Suerte que estoy solo
y estando solo el tiempo pasa más lento y cunde más
joder, con el viejo, lo tenía todo calculado.
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