Javier Palanca
Poeta fiel al portal
Yo estaba mirando al techo
de una nocturna estrellada,
preguntándome si el cielo
amamanta horas contadas.
Pasó rozando mi espalda
en un ancho mas que holgado,
sentí en su muda palabra:
¡Sígueme, te estoy llamando!
Giro un cuarto la cabeza
bajo una capucha parda
y ví unos ojos tan rojos
como amapolas sin calma.
Moví como ente embrujado,
tras sus pasos y su sombra,
sin candil que iluminado
me borrara el miedo innato.
Se paró ante un descampado
de una tapia inmaculada
y me hizo ver el spray
que circulaba en su mano.
Apretó y surgieron letras
que encadenaban palabras,
luego se pintó una puerta
y culminó la escapada.
Me acerqué, no sin flaquezas,
arrugado y temeroso,
y leí, helando venas:
El reVerso es tenebroso.
de una nocturna estrellada,
preguntándome si el cielo
amamanta horas contadas.
Pasó rozando mi espalda
en un ancho mas que holgado,
sentí en su muda palabra:
¡Sígueme, te estoy llamando!
Giro un cuarto la cabeza
bajo una capucha parda
y ví unos ojos tan rojos
como amapolas sin calma.
Moví como ente embrujado,
tras sus pasos y su sombra,
sin candil que iluminado
me borrara el miedo innato.
Se paró ante un descampado
de una tapia inmaculada
y me hizo ver el spray
que circulaba en su mano.
Apretó y surgieron letras
que encadenaban palabras,
luego se pintó una puerta
y culminó la escapada.
Me acerqué, no sin flaquezas,
arrugado y temeroso,
y leí, helando venas:
El reVerso es tenebroso.