Javier Palanca
Poeta fiel al portal
Ya estaba muerto y bien muerto,
cuando a las primeras luces
de aquella fría mañana,
se toparon con su cuerpo.
Entre manos de forenses,
ya hartos de tanto extraño,
apareció en sus entrañas
un pergamino anudado.
Soltándolo del cordel
se pudieron ver los trazos
de una escritura serena,
de las más seguras manos.
Id y ved en mi cocina
donde pase buenos ratos
entre aromas de pucheros
y de sartenes con ajos.
Cuando llegaron curiosos
uniformes y otros tantos
leyeron en azulejos
su ya póstumo deseo:
Cocino este último plato,
ya en soledad y quebranto,
no me hagáis maldito feo
de marcharos sin probarlo.
cuando a las primeras luces
de aquella fría mañana,
se toparon con su cuerpo.
Entre manos de forenses,
ya hartos de tanto extraño,
apareció en sus entrañas
un pergamino anudado.
Soltándolo del cordel
se pudieron ver los trazos
de una escritura serena,
de las más seguras manos.
Id y ved en mi cocina
donde pase buenos ratos
entre aromas de pucheros
y de sartenes con ajos.
Cuando llegaron curiosos
uniformes y otros tantos
leyeron en azulejos
su ya póstumo deseo:
Cocino este último plato,
ya en soledad y quebranto,
no me hagáis maldito feo
de marcharos sin probarlo.