Javier Palanca
Poeta fiel al portal
Ya era ronco de gritar
y escribió en alzado pulso,
ante reflejo y cristal,
lo que en garganta eran nudos.
Quedó el mensaje torcido
y de lectura invertido,
pero nacido con sañas
de venenos no asumidos.
De los sudores de días
que no se secan en noches,
soñando con los arados
y las piedras que los rompen.
De esos hombres y mujeres
que despertaban la aurora,
con sus cuerpos ya cansados
despidiendo las alcobas.
Y todo porque al final,
llegara un trago de vino,
alguna hogaza de pan
y leche al recién venido.
Por eso selló en su frente
como en pared estampada:
Las tierras que se las queden
los que duro las trabajan.
y escribió en alzado pulso,
ante reflejo y cristal,
lo que en garganta eran nudos.
Quedó el mensaje torcido
y de lectura invertido,
pero nacido con sañas
de venenos no asumidos.
De los sudores de días
que no se secan en noches,
soñando con los arados
y las piedras que los rompen.
De esos hombres y mujeres
que despertaban la aurora,
con sus cuerpos ya cansados
despidiendo las alcobas.
Y todo porque al final,
llegara un trago de vino,
alguna hogaza de pan
y leche al recién venido.
Por eso selló en su frente
como en pared estampada:
Las tierras que se las queden
los que duro las trabajan.