Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Si mis ojos hablaran serían tu pintura,
estática y abstracta emperatriz
de los labios al sol,
brisa suave y cutánea que desnuda el color,
que me arranca la estirpe de mi piel,
y me hace descender a mano alzada
hacia una primavera que es círculo y andamio,
como la exactitud de las acacias
en su bosque sin lápices ni tinta,
sus ramajes de sueño de acueductos.
Se desliza la sal abriendo mares
-Es el último llanto del cerebro-
Así funciona el sísmico devenir de la pluma
dibujando tu beso sin tsunami
-así funciona el tiempo, preparándose-.
En tus labios el eco de las olas
es más líquido,
en el matiz tan negro de los cómplices.
Trasciende.
Y la pausa no existe.
Te veo sin mirarte, tan romántica y pura y luchadora,
como el vínculo insomne de la espuma.
Y en la noche -esta noche calibrada-
No hay suspense en el álamo, ni rocío en la escarcha.
Es la estación del hondo crepitar
-y tan honda y profunda, la ventana que es ojo y es mendigo-
-Le he robado la vista al infinito
a fin de recorrer tu laberinto-.
estática y abstracta emperatriz
de los labios al sol,
brisa suave y cutánea que desnuda el color,
que me arranca la estirpe de mi piel,
y me hace descender a mano alzada
hacia una primavera que es círculo y andamio,
como la exactitud de las acacias
en su bosque sin lápices ni tinta,
sus ramajes de sueño de acueductos.
Se desliza la sal abriendo mares
-Es el último llanto del cerebro-
Así funciona el sísmico devenir de la pluma
dibujando tu beso sin tsunami
-así funciona el tiempo, preparándose-.
En tus labios el eco de las olas
es más líquido,
en el matiz tan negro de los cómplices.
Trasciende.
Y la pausa no existe.
Te veo sin mirarte, tan romántica y pura y luchadora,
como el vínculo insomne de la espuma.
Y en la noche -esta noche calibrada-
No hay suspense en el álamo, ni rocío en la escarcha.
Es la estación del hondo crepitar
-y tan honda y profunda, la ventana que es ojo y es mendigo-
-Le he robado la vista al infinito
a fin de recorrer tu laberinto-.