Leonardo Velazcoaran
Poeta asiduo al portal
Cruzo por el endeble puente que separa
tu lejano latir de mi tristeza
y al verme reflejado en tu mirada
advierto que el camino
de tu orilla a mi orilla,
de mi voz a tu nombre,
se acorta entre tus manos y mis manos
pues basta un parpadeo,
un gesto leve
y aquel grave inventario de ansiedades,
fruto de la ausencia retrocede,
se pierde, se derrumba
ante el vasto horizonte que, maduro,
despierta en tu mirada que me busca
y se anida en mis labios que te llaman.
De par en par abiertas las ventanas
los ríos se desbordan por las manos,
fugacidad y eternidad se han fusionado,
su inmaterial prodigio es fuego y hiedra,
e infinito, como el mar que se interpone
de tu orilla a mi orilla,
de mi nombre a tu boca.
tu lejano latir de mi tristeza
y al verme reflejado en tu mirada
advierto que el camino
de tu orilla a mi orilla,
de mi voz a tu nombre,
se acorta entre tus manos y mis manos
pues basta un parpadeo,
un gesto leve
y aquel grave inventario de ansiedades,
fruto de la ausencia retrocede,
se pierde, se derrumba
ante el vasto horizonte que, maduro,
despierta en tu mirada que me busca
y se anida en mis labios que te llaman.
De par en par abiertas las ventanas
los ríos se desbordan por las manos,
fugacidad y eternidad se han fusionado,
su inmaterial prodigio es fuego y hiedra,
e infinito, como el mar que se interpone
de tu orilla a mi orilla,
de mi nombre a tu boca.