Caramba, ese señor. Me gusta cuando declina, cuando pasa entre las hojas mientras camino a la orilla del río, cuando se moja en el agua. A veces me hace enojar y le digo Todo esto es tu culpa, cómo no te extingues. En verano se le antoja ocultarse por días y días, entonces me empacho de nubes gordas y anhelo su regreso para recolectar cualquier rayo mínimo que pueda atesorar. Es generoso y yo un malagradecido. Pero estás tú, amiga Grace, que puedes hablarle de esta hermosa forma y agradecerle en nombre de todos. Dile que gracias por la vitamina D, por su gravedad, por verter el verde y por traerte aquí.
Me ha sorprendido gratamente la soltura y la claridad de tu texto: esta vez elegiste la luz y no el laberinto para decir. Y lo agradezco, aunque me encanta perderme en tus acertijos poéticos.
¿Que tiene el rey en la panza? El rey de Ítaca tiene hambre de regreso.