Grito de los poetas

José Luis Galarza

Poeta que considera el portal su segunda casa
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Silen
cio liviano, silencio en cascada.
Quieren navegar tu río.
Deja pasar a los poetas.
Aquellos que ves en la rama
trinando en rulos del aire,
revueltos en la composición,
cuyas alas empujan el viento
para que repose el verso en tus oídos.

Silencio débil, silencio agitado,
no puede abrirse a tu río el golpe musical.
Desvanece pálido bajo las pestañas,
que quema la debilidad por el insomnio,
que trina y se desata espiral con el soplo
y el murmullo de otro reino lo retira.

El silencio que queda en ese espacio desoído
es el grito de los poetas.
No pueden acallar sus emociones.
No pueden.
No pueden entregarse a un canto impersonal.
La voz le crece a pesar del ambiente
y viaja por lo auténtico a través de la vibración
de todo el cuerpo que convulsiona de sentido.
Dime que puedes escuchar el grito de los poetas.
Dime que puedes.

José Luis Galaza (Calchaquí, Santa Fe, Argentina: 2019)
Pintura: "El grito" de Oswaldo Guayasamín (1983)
 
Última edición:
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Silen
cio liviano, silencio en cascada.
Quieren navegar tu río.
Deja pasar a los poetas.
Aquellos que ves en la rama
trinando en rulos del aire,
revueltos en la composición,
cuyas alas empujan el viento
para que repose el verso en tus oídos.

Silencio débil, silencio agitado,
no puede abrirse a tu río el golpe musical.
Desvanece pálido bajo las pestañas,
que quema la debilidad por el insomnio,
que trina y se desata espiral con el soplo
y el murmullo de otro reino lo retira.

El silencio que queda en ese espacio desoído
es el grito de los poetas.
No pueden acallar sus emociones.
No pueden.
No pueden entregarse a un canto impersonal.
La voz le crece a pesar del ambiente
y viaja por lo auténtico a través de la vibración
de todo el cuerpo que convulsiona de sentido.
Dime que puedes escuchar el grito de los poetas.
Dime que puedes.

José Luis Galaza (Calchaquí, Santa Fe, Argentina: 2019)
Pintura: "El grito" de Oswaldo Guayasamín (1983)
La voz imperiosa del poeta que se desgrana en el tapiz de cualquier superficie, es el grito incontrolable, que aunque quisiera, no lo puede acallar.
Así como los grillos exudan su chillido en las noches interminables y aunque a veces moleste, así el poeta libera su grito, buscando la aceptación de la masa que a veces ni repara en el alarido desesperado del poeta.
El poeta grita, el eco esparce su voz coronada en versos que trascienden al infinito
Gracias, mi estimado José Luis, por compartir con nosotros tan magnífica obra.
Saludos y un abrazo, mi estimado poeta
 

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