carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Alguno ha visto a los esclavos, colgados
de los árboles, docenas de ellos, azotados
hasta la muerte en las calles de New York
por el sólo motivo de querer ser libres,
y se ha compadecido?
A seis de ellos,
el mismo día de noviembre de 1712,
¿se les oyó sacar su grito de libertad,
quitándose la vida antes que llegara
su turno ante el verdugo?…
Estaban tan solos, en institucional anonimia,
que se abocaron al suicidio, cuando veintiuno
se turnaron en la ejecución. Mejor era morirse,
darse una muerte liberadora con sus propias manos.
… pero los cuáqueros no estaban callados.
Veinticuatro años antes decretaron esa causa:
¡la causa del pobre, el desamparado y el esclavo!
… pero siguió el silencio, la demencia racial
de los explotadores, de Norte a Sur, del Este
a Oeste, en cada latifundio, en cada ghetto.
Siguió el silencio, seguir así… neutralizados,
sospechosos en la verdad de la miseria sicológica
que acusa al impotente, al inferiorizado, callados
porque la propaganda y la rutina podrida
que absolutiza y cunde es silenciarse
(se ha borrado la resistencia mínima y se han igualado
las opiniones en mayorías que olvidan
y acuden a la prudencia, falsa, aplazadora,
submitida a la perpetuación de lo injusto…
¿Será hasta cuándo?… hasta que vengan
los atrevidos, temerarios, los proscritos
que rompan el alienado predominio de la cobardía…
7.
¿Quién ha dicho, desde este silencio intolerable,
que la espera nos curó a todos, a quién que estuvo
enfermo, con la rabia contenida y luto rutinario?
¿Quién dirá que realmente ya somos felices
y estamos conciliados por la communis opinio
y el progreso? ¿Quién hay que vea a los sujetos altaneros,
blanqui-vestidos, ilustrados, propietarios de las élites,
cuando murmuran con desdén contra los cuáqueros?
¿Quién que les pregunte por su sabiduría
y por qué, si la tienen, se arman con fusiles
y garrotes, suben la horca a los altos ramajes
de los árboles o a los postes de las plazas
frente a sus alcaldías? … Lo pregunto.
Lo pregunto a los prudentes,
como a los iracundos, junto a los vengadores,
¿por qué siguen callados, silenciosos,
neutralizados por la propaganda que cunde?…
CARLOS LOPEZ DZUR
De libro en preparación
de los árboles, docenas de ellos, azotados
hasta la muerte en las calles de New York
por el sólo motivo de querer ser libres,
y se ha compadecido?
A seis de ellos,
el mismo día de noviembre de 1712,
¿se les oyó sacar su grito de libertad,
quitándose la vida antes que llegara
su turno ante el verdugo?…
Estaban tan solos, en institucional anonimia,
que se abocaron al suicidio, cuando veintiuno
se turnaron en la ejecución. Mejor era morirse,
darse una muerte liberadora con sus propias manos.
… pero los cuáqueros no estaban callados.
Veinticuatro años antes decretaron esa causa:
¡la causa del pobre, el desamparado y el esclavo!
… pero siguió el silencio, la demencia racial
de los explotadores, de Norte a Sur, del Este
a Oeste, en cada latifundio, en cada ghetto.
Siguió el silencio, seguir así… neutralizados,
sospechosos en la verdad de la miseria sicológica
que acusa al impotente, al inferiorizado, callados
porque la propaganda y la rutina podrida
que absolutiza y cunde es silenciarse
(se ha borrado la resistencia mínima y se han igualado
las opiniones en mayorías que olvidan
y acuden a la prudencia, falsa, aplazadora,
submitida a la perpetuación de lo injusto…
¿Será hasta cuándo?… hasta que vengan
los atrevidos, temerarios, los proscritos
que rompan el alienado predominio de la cobardía…
7.
¿Quién ha dicho, desde este silencio intolerable,
que la espera nos curó a todos, a quién que estuvo
enfermo, con la rabia contenida y luto rutinario?
¿Quién dirá que realmente ya somos felices
y estamos conciliados por la communis opinio
y el progreso? ¿Quién hay que vea a los sujetos altaneros,
blanqui-vestidos, ilustrados, propietarios de las élites,
cuando murmuran con desdén contra los cuáqueros?
¿Quién que les pregunte por su sabiduría
y por qué, si la tienen, se arman con fusiles
y garrotes, suben la horca a los altos ramajes
de los árboles o a los postes de las plazas
frente a sus alcaldías? … Lo pregunto.
Lo pregunto a los prudentes,
como a los iracundos, junto a los vengadores,
¿por qué siguen callados, silenciosos,
neutralizados por la propaganda que cunde?…
CARLOS LOPEZ DZUR
De libro en preparación