Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hubo un abejorro que buscaba sólo una rosa,
más el silbido de sus alas lloraba tristeza,
pues la rosa su amor desairó,
y en su panal sólo se durmió,
una mañana la rosa observó,
que su abejorro nunca más volvió,
e inquieta preguntó a la lluvia
si lo había visto entre las nubes,
y pregunto al sol
si lo había visto reflejar su sombra,
y pregunto al aire
si había escuchado el zumbido de sus alas,
más ninguno sus rasgos reconoció.
Continuó interrogando impaciente
a quien se posaba a beber su néctar,
más su espíritu de tristeza se ahondaba,
al comprobar que sin respuestas sus preguntas quedaban,
y al caer el sol mustia se dormía,
con la esperanza de escuchar al alba el susurro de su alas.
Lloró al recordar que implacable fue con el,
no permitiendo acunarse en sus pistilos,
pues con ufanos desprecios no consentía que de sus pétalos se extasiará,
sólo quería verlo y confesarle
lo armonioso que era el mundo con su cercanía,
que sólo a él dejaría posar en sus estambres
y concebir la maravilla que es la vida.
Más sus lágrimas se confundían con el rocío de la mañana,
más su corazón herido se confundía con el rojo de su color,
más el brillo de sus pétalos,
que ayer fue atracción hoy se han quedado en opaca sombría,
más a decidido deshojarse,
para exigir al viento su complicidad,
y buscarle entre ríos y valles,
entre montañas y nieve,
sólo quería verle por última vez,
pero el tiempo implacable hizo lo suyo,
se quedó dormida para no despertar,
entre hojas de mi añoso libro,
que contaba su historia,
que deseo no sea la tuya ni la mía..
más el silbido de sus alas lloraba tristeza,
pues la rosa su amor desairó,
y en su panal sólo se durmió,
una mañana la rosa observó,
que su abejorro nunca más volvió,
e inquieta preguntó a la lluvia
si lo había visto entre las nubes,
y pregunto al sol
si lo había visto reflejar su sombra,
y pregunto al aire
si había escuchado el zumbido de sus alas,
más ninguno sus rasgos reconoció.
Continuó interrogando impaciente
a quien se posaba a beber su néctar,
más su espíritu de tristeza se ahondaba,
al comprobar que sin respuestas sus preguntas quedaban,
y al caer el sol mustia se dormía,
con la esperanza de escuchar al alba el susurro de su alas.
Lloró al recordar que implacable fue con el,
no permitiendo acunarse en sus pistilos,
pues con ufanos desprecios no consentía que de sus pétalos se extasiará,
sólo quería verlo y confesarle
lo armonioso que era el mundo con su cercanía,
que sólo a él dejaría posar en sus estambres
y concebir la maravilla que es la vida.
Más sus lágrimas se confundían con el rocío de la mañana,
más su corazón herido se confundía con el rojo de su color,
más el brillo de sus pétalos,
que ayer fue atracción hoy se han quedado en opaca sombría,
más a decidido deshojarse,
para exigir al viento su complicidad,
y buscarle entre ríos y valles,
entre montañas y nieve,
sólo quería verle por última vez,
pero el tiempo implacable hizo lo suyo,
se quedó dormida para no despertar,
entre hojas de mi añoso libro,
que contaba su historia,
que deseo no sea la tuya ni la mía..