Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Guárdame la sonrisa de niña
y la voz profunda del alma.
Los besos tiernos del olvido.
Los suspiros del corazón
en su agonizante lejanía.
Las caricias de las manos
y las huellas del deseo.
La tentación del cuerpo
retenida en su propio tiempo.
Guárdame la dulce mirada
que sólo tus ojos proyectan.
La música que te inunda
rebozando tus caderas.
¡Guárdame, niña, la danza
erótica de tus piernas!
5 de mayo de 2008.