Carne por carne, como a kilos,
envenenan los campos de sangre,
hasta resucitar el espíritu dormido,
envuelto en mantas que abrigan.
Tesoros se alzan,
al descubierto, las nubes se despejan,
y el brío de lo humano
abriga la incertidumbre.
El bien y el mal juegan a pecho tendido,
en vez de juntar a los desconocidos,
convertiéndolos en amigos.
El ser sigue avanzando,
desplegándose, encuentra huecos sucedáneos,
como refugio para sobrevivir
al momento más cruel
y burlar al miedo.
23/03/2025
©Dikia
envenenan los campos de sangre,
hasta resucitar el espíritu dormido,
envuelto en mantas que abrigan.
Tesoros se alzan,
al descubierto, las nubes se despejan,
y el brío de lo humano
abriga la incertidumbre.
El bien y el mal juegan a pecho tendido,
en vez de juntar a los desconocidos,
convertiéndolos en amigos.
El ser sigue avanzando,
desplegándose, encuentra huecos sucedáneos,
como refugio para sobrevivir
al momento más cruel
y burlar al miedo.
23/03/2025
©Dikia