Nuestra guerra era la vida,
en ese momento lánguida, frágil, insípida...
Carente de aquello que la define,
incompleta de alegría, fuerza y guía.
Nuestros destinos (¿quiso el azar?)se encontraron,
las peores contiendas se avecinaban,
dolor, pena, dudas, soledad, confusión...
Batallas de inevitable presencia.
Nos creamos un mundo aparte,
una base de operaciones donde crear la estrategia,
nuestro armero particular.
Tu piso.
Allí,
en el,
prepararíamos a nuestros corazones,
nos protegeríamos del ruido de la lucha.
Yo te preste razón y orgullo,
tu me prestaste alegría y comprensión.
Acudíamos vencedores a los combates,
salíamos de ellos con actitud altiva...
También es cierto que perdimos algunos,
pero nos lamiamos las heridas orgullosos,
con vino, poesía, pintura y imágenes de cielo.
¡Guerreros bohemios!
Ciertos conflictos acaecían en nuestro interior,
ante ellos comprensión y lagrimas,
escudos vestidos de abrazos,
amistad a prueba de fuego.
En ese fortín de cariño,
de energía afín a nuestras necesidades,
de amor impregnado en sus paredes,
nadie podía hacernos daño.
Ahora debes dejar atrás tamaña fortaleza,
dejar las huellas de escaramuzas pasadas,
las marcas de palabras curadas,
la sangre del tinto en sus suelos.
Pero no te equivoques estimada amiga,
dejas tu torre de fuerza,
porque ganada una guerra...
Debes ir a buscar tu propio castillo.
Te has ganado el terreno conquistado,
la vida se postra ante ti vencida...
En sus manos una corona,
ahora eres la reina de tu segunda oportunidad.
En tu nuevo trono,
a tu lado,
esta vez un rey digno ocupa tu diestra,
juntos defendereis vuestro nuevo reino
Y no lo dudes,
yo seguiré siendo tu fiel escudero.
Y no lo dudes amiga mía.
Siempre te querré.
en ese momento lánguida, frágil, insípida...
Carente de aquello que la define,
incompleta de alegría, fuerza y guía.
Nuestros destinos (¿quiso el azar?)se encontraron,
las peores contiendas se avecinaban,
dolor, pena, dudas, soledad, confusión...
Batallas de inevitable presencia.
Nos creamos un mundo aparte,
una base de operaciones donde crear la estrategia,
nuestro armero particular.
Tu piso.
Allí,
en el,
prepararíamos a nuestros corazones,
nos protegeríamos del ruido de la lucha.
Yo te preste razón y orgullo,
tu me prestaste alegría y comprensión.
Acudíamos vencedores a los combates,
salíamos de ellos con actitud altiva...
También es cierto que perdimos algunos,
pero nos lamiamos las heridas orgullosos,
con vino, poesía, pintura y imágenes de cielo.
¡Guerreros bohemios!
Ciertos conflictos acaecían en nuestro interior,
ante ellos comprensión y lagrimas,
escudos vestidos de abrazos,
amistad a prueba de fuego.
En ese fortín de cariño,
de energía afín a nuestras necesidades,
de amor impregnado en sus paredes,
nadie podía hacernos daño.
Ahora debes dejar atrás tamaña fortaleza,
dejar las huellas de escaramuzas pasadas,
las marcas de palabras curadas,
la sangre del tinto en sus suelos.
Pero no te equivoques estimada amiga,
dejas tu torre de fuerza,
porque ganada una guerra...
Debes ir a buscar tu propio castillo.
Te has ganado el terreno conquistado,
la vida se postra ante ti vencida...
En sus manos una corona,
ahora eres la reina de tu segunda oportunidad.
En tu nuevo trono,
a tu lado,
esta vez un rey digno ocupa tu diestra,
juntos defendereis vuestro nuevo reino
Y no lo dudes,
yo seguiré siendo tu fiel escudero.
Y no lo dudes amiga mía.
Siempre te querré.