Alex Courant
Poeta adicto al portal
Guijarros arrastra el río
En el umbral de mis años de hombre
otra puerta de mi rostro se ha cerrado.
Una golondrina me habita el corazón:
cruza el diámetro de la gris chimenea
que se irgue en la aurícula del día.
Abajo, el cadáver del momento
camina, paso a paso, en la casta piedra.
Tras la ventana los ojos que no ven
son fotografías descoloridas por el tiempo.
Moles de metal, moles de hierro,
respiran, inhalan, exhalan,
el sueño anciano que electrifica a la vida.
Arriba, un zumbido de sombras
bebe, hora tras hora, de turbios panales.
Guijarros arrastra el río
Los guijarros del que fui y no seré ahora.
Ahora que de un árbol de fantasmas
me petrifica el silencio rojo de una manzana.
Igual como petrificada está la bailarina
-que gira y gira en mi caja de música-
con la misma melodía de siempre.
*
En el umbral de mis años de hombre
otra puerta de mi rostro se ha cerrado.
Una golondrina me habita el corazón:
cruza el diámetro de la gris chimenea
que se irgue en la aurícula del día.
Abajo, el cadáver del momento
camina, paso a paso, en la casta piedra.
Tras la ventana los ojos que no ven
son fotografías descoloridas por el tiempo.
Moles de metal, moles de hierro,
respiran, inhalan, exhalan,
el sueño anciano que electrifica a la vida.
Arriba, un zumbido de sombras
bebe, hora tras hora, de turbios panales.
Guijarros arrastra el río
Los guijarros del que fui y no seré ahora.
Ahora que de un árbol de fantasmas
me petrifica el silencio rojo de una manzana.
Igual como petrificada está la bailarina
-que gira y gira en mi caja de música-
con la misma melodía de siempre.
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