Apenas sí podías hablar cuando
el título de primer alumno lucías.
De láminas que te iba presentando
el nombre de animales tú me decías.
Intercambiando roles de protón y electrón,
coincidían nuestras cargas ciertos días.
Sumando experiencias en un frontón
Conejillo de indias fuimos uno del otro.
Fuiste mi fiel aliado y adversario más serio,
entre clubes, juegos y pleitos verdaderos.
De puro milagro no llegaste al cementerio
cuando sin paracaídas aterrizaste en el suelo
Tanto reímos como nos trenzamos a golpes
sufrieron narices rojas, verdes o con mugre,
con nuestros intentos ingenuos y torpes
por ratificar nuestra hermandad de sangre.
Tantos inútiles esfuerzos de nuestra madre.
Investigaciones para saber ¿quién empezó?
Sólo el paso del tiempo dio con el culpable.
Un año antes que tú ya me encontraba yo.
Entre "lengüita dientona" y "Konda karate"
Aprendiendo tanto como picaba el ají.
Con los años no parece un disparate
que juntos hayamos crecido así.
Nuevas historias ahora, ya de adultos,
se escriben o relatan, pues ya no se ven.
Por mucho que permanezcan ocultos
los buenos instantes vividos no ceden.
Tus hermanos mayores nos hemos coludido
para regalarte desconfianza en el matrimonio.
Si hay algo que aún no hemos aprendido
es que cada uno debe vencer a sus demonios.
Solo me queda expresar mi cariño
al que ha sido por mucho mi hermano.
Conserva tú siempre mi alma de niño
como yo guardo la tuya a mi lado.