Guisantes.

Nommo

Poeta veterano en el portal
Ella me está mirando.
Lleva puesto un antifaz, que le tapa el rostro.
Es una estrella de cine americano.
Pero no le pido autógrafos, ni me arrodillo, ni me postro.


Ojalá pase desapercibido. Veo sus redes. Y su furia.


Ha venido a cazar amantes bandidos.
No tiene apetito carnal desordenado, que es lujuria.
Más bien es monja; lo deduzco por esos mazapanes.
También muerde albaricoques y manzanas, almendras garrapiñadas y castañas asadas.


Vienen los escorpiones y alacranes, a salir a su encuentro, sobre la alfombra roja.


En estos festivales de cine, los fotógrafos hacemos juegos malabares.
Debemos sacar el mejor perfil de las caderas y de los muslos.
Luego, la cabeza está en segundo plano.
El protagonismo, para el ombligo, que tanto trabajó, y nadie le paga.


Seguidamente, los escarabajos le tienden una trampa, con sigilo.


Querrían secuestrarla, pero los detienen los famosos colibríes.
Que forman parte de la guardia del Vaticano.
El Papa Francisco sale al balcón, en la basílica de San Pedro, en Roma.
Y suelta, de su chistera de mago, un conejo blanco y una paloma.


Le gustan la prestidigitación y el ilusionismo. Es encantador, con el Amor-Brujo.


El Amor-Bondad respira aliviado...
Es mi compañero de fatigas.
Reportero gráfico; buen dibujante. Autor de cómic, en este país libre.
La radiante protagonista se nos escapa. La riego, con un jarro de agua fría.


Me atrapan los visigodos. O sea, celtíberos. Bueno, atlantes. ¿ Qué sé yo ?


¡ Socorro ! Son socialistas.
Oh...
Guardaespaldas.
Sí, vigilantes y santos. Estoy preso. Es un espanto. Sólo podré comer guisantes.
 
Siempre interesante, tranquilizador y formativo pasear por tus versos poeta.
Muy buena poema-ponencia sobre guisantes, que se disfruta de punta a punta.

Guisantes que semejan los de Juanito

el que trepò a la bóveda celeste y derrotò al giganterìo

que bramaba emperifollado en el pùlpito

y no por nada dejó el nombre de supermercado

adoptando mejores formas de circunferencia ovalada

aunque pocos entienden, como

el peinador de los sàbados entiende a las libèlulas


no hagas mucho caso

fluiràn como aquellas cuitas de las brujas

que revientan contra los ventanales

sin dañar sus escobas ni alpargatas

y diseñan colibríes de escamas mortíferas

para de cuando en cuando esbozar una canción

carraspeando un escupitajo por un antitusígeno amargo

con sabor de hipotenusa antropològica


de esas que el viento deja ir como mutante escarcha

hasta el pacìfico de la deshonra

despepitando culebras y motores desbielados

por los excesos evidentes de aceite de hígado de tiburón

y caracolas azules, oh! santa resaca

con salobre gusto de aguardiente barato


la voz del maíz que se impone reguladora

entre bocanadas de yerba santa de siete picos

en el culmen incròspido de la montaña rusa, pero màgica

por las axilas de los leones de melena negra

cazadores gélidos y arteros

que no utilizan desodorante en barra

pero vuelan al infinito con pasaporte falso

mientras dictan en braile sus memorias

sonriendo forzadamente entre colmillos

oscurecidos por ese añejo hàbito de mascar tabaco


guisantes como globos de cantoya

que vuelan libres y se aparean con las nubes

cuidando de no incendiar los bosques

con las esquirlas de su fatìdico dispendio.
 

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