Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
(Guitarras: Maderos a la deriva en el mar de los cantores náufragos)
Yo escribí mucho y resulta,
que en sus acordes dijeron
las cuerdas de una guitarra:
Por más que escribas tus versos,
rapsoda, y llenes renglones,
sabrás que escribes canciones
encordadas de silencio.
Serás hijo plañidero
de tu madre, la guitarra,
y la gente de las farras
dirá, ¡que no tienes dedos!
Y las guitarras, sabemos,
y tú sabes que nos debes,
atenciones y placeres
y música con tus versos.
Mis hermanas, saben eso,
y por mucho que nos niegues:
¡Dios te libre! Aunque te empeñes,
¡pobrecito el verso ciego!
Yo escribí mucho y resulta,
que serenas me dijeron
las notas de otra guitarra:
Si siguieras mi consejo,
cantaremos si cantaras,
lloraremos si lloraras,
porque tu poema es nuestro,
cual de vino, luna y viento.
¡Ay, si un día confesaras
que es entraña de guitarras!...
¡Qué Dios guarde al hijo nuestro!
Que Dios guarde al hijo nuestro,
siempre que escriba sus ansias
con justiciera semblanza
y compasivo criterio.
Y con pena o con pasión,
alguna canción de amor
que enamore como el pueblo.
Yo escribí mucho y resulta,
que culminando consejos,
dijo mi propia guitarra:
Por más que escribas sin ver,
te lo digo provocada,
¡tú sin mí, no serás nada!
Y serás algo porqué,
por quererte me juré,
aunque me cueste la calma,
los dedos dejarte en llamas
con mis cuerdas, y son seis.
Y agregó, pues la abracé:
Como que soy de madera,
¡me puedes quemar el alma!
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