Ha de arder el cielo
ante el escuálido recordar.
Ha de cuestionarse la cordura
de mi verso delirante,
de mi enfermizo tramar.
Cuando no haya ya cabida
ni para cuerdos,
ni desquiciados,
y quede sola mi palabra
entre los restos del naufragio,
reiré, tras quemar las naves,
para nunca más volver.
ante el escuálido recordar.
Ha de cuestionarse la cordura
de mi verso delirante,
de mi enfermizo tramar.
Cuando no haya ya cabida
ni para cuerdos,
ni desquiciados,
y quede sola mi palabra
entre los restos del naufragio,
reiré, tras quemar las naves,
para nunca más volver.